Esto lo afirma la Organización Internacional del Trabajao (OIT), para quien la pobreza no es un problema exclusivo de los pobres.
Es difícil, aduce, imaginarse lograr la estabilidad política y social, así como la seguridad mundial, cuando un número tan grande de personas continúa atrapado en la pobreza, o cuando se enfrentan a escasas oportunidades en un sistema global que les parece discriminador e injusto.
Para la OIT, la lucha contra la pobreza y en favor de la integración social va más allá del aumento de los ingresos.
Se trata, dice, también de derechos, dignidad y comunicación que permitan a las personas desarrollar su potencial económico, social y político.
El trabajo decente resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en relación con oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y desarrollo personal; justicia e igualdad de género.
Las diversas dimensiones del trabajo decente, para la organización laboral, son pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad.
"Sí existe. Porque la sociedad entera se cree este cuento", manifiesta Elvia Rosa Canto.
"El machismo existe desde tiempos inmenoriales y siempre existirá", dice Jenny Quiel.
"No sé cómo hacen ellos, pero el machismo sale de nuestros hogares y es parte de la sociedad actual", expresa María Elena Rodríguez.
Son los hijos, quienes viven en el ojo de la tormenta. "Esta delicada situación fortalece esta conducta y en cierto momento, los mismos progenitores pasan a ser víctimas de ésta", añade el entrevistado.
Frases tales como: "los oficios de la casa son cosas de mujeres, los hombres no lloran, a papá no se le discute, y los que mandan somos nosotros", tiran por la borda toda posibilidad de un cambio en la mentalidad en las nuevas generaciones.
"Las mujeres deben ser menos sumisas. Los hombres deben escucharlas, comprenderlas y ayudarlas, dentro de la vida en familia hay dos grandes componentes: papá y mamá, quienes son responsables de sus actos y juntos deben sacar adelante a la familia, pero, sin ataduras, sin menosprecio. Ambos tienen los mismos derechos", considera la fuente.
El rostro de un machista puede ser blanco, trigueño, moreno o asiático. No tiene una descripción física que lo delate, pero los efectos de sus acciones se sienten en toda la sociedad, sin distingo de clase, color o religión.
Difícil entrevistarlos. Se niegan a dar la cara.
Para ellos, también seleccionamos dos preguntas. La primera, ¿se considera machista? , y la segunda, ¿por qué cree usted que existe el machismo?
Para Juan Bautista Smith, "el machismo existe porque hay feminismo".
Guillermo Tapia está convencido de que "la mujer ha permitido que los hombres las denigren. Es por eso que el machismo se impone".
No lo nieguen. "Todos somos machistas y hemos nacido así. La sociedad, la familia y mi propio padre me lo ha inculcado, y sin darse cuenta", manifiesta Abdiel Díaz.
Por tratarse de una idea creada y adoptada por el hombre, el machismo puede transformarse, pues hombres y mujeres tienen los mismos derechos y, por lo tanto, deben gozar de las mismas oportunidades.
La formación nace en cada hogar. Hay que comenzar a crear valores dentro de cada niño
a y a enseñarles a apreciar a cada ser humano por lo que es, no por su sexo.
Hace falta un cambio en la mentalidad de los hombres y las mujeres. Lo que por siglos es visto como natural, cuesta cambiar, pero no es imposible.
Es en el hogar donde se darán los cambios trascendentales. La familia en pleno debe ser parte de este proceso.
Que los hombres se crean superiores es la creencia que no da paso a verdaderas transformaciones sociales.
La mujer es dentro del hogar la que debe tener la iniciativa. Esta se debe efectuar dentro de parámetros específicos en los que el respeto mutuo prevalezca.