Las aerolíneas de EU, que afrontan una nueva crisis financiera, se verán forzadas en los próximos meses a efectuar importantes ajustes para evitar que la bancarrota de US Airways, a la que podría seguir United Airlines, tenga realmente un efecto dominó en esta industria.
United, la segunda mayor compañía de transporte aéreo estadounidense, pasa por una etapa delicada en su economía, y si no logra una reducción de sus gastos y la aplicación de otras medidas financieras de emergencia, como el recorte de salarios, podría verse forzada a acogerse al capítulo 11 de la ley de bancarrota.
La aerolínea está considerando presentar una petición de rescate financiero de unos 1,800 millones de dólares, una gestión que la Junta de Estabilización del Transporte Aéreo (ATSB, en inglés) podría rechazar si no se hacen antes significativos recortes de gastos.
La ATSB administra un fondo de 10,000 millones de dólares para ayudar a la recuperación de las compañías aéreas, cuyas dificultades operativas aumentaron como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre, en los que fueron usados dos aviones de United y otros dos de American Airlines.
Los atentados de septiembre del 2001 crearon un gran temor de volar entre el público, lo que motivó una significativa reducción de la venta de billetes aéreos.
Esto, unido a la desaceleración económica, ha contribuido a la conmoción actual en la industria, según varios analistas económicos.
Uno de los ejecutivos de American Airlines, Donald Carty, advirtió que el éxito de su compañía y de la industria en general depende de la recuperación de la economía de EU y de lo que le ocurra a otras aerolíneas notables, como United.
United está considerando una reorganización en la que se verá obligada a alcanzar acuerdos con sus acreedores y abastecedores y a renegociar sus contratos con los sindicatos de trabajadores.
De no lograr éxito en estas gestiones, sus ejecutivos han advertido que podrían recurrir a la bancarrota probablemente en noviembre próximo.
Los analistas financieros y de la industria han indicado que lo que está ocurriendo con American y United es irremediablemente una muestra de lo que le espera al resto de las grandes, medianas y pequeñas compañías aéreas de EU, que igualmente cuentan con dificultades económicas.
Entre los ejemplos más inmediatos se citan los de las pequeñas aerolíneas Spirit, de Fort Lauderdale (Florida), y National, de Las Vegas (Nevada), a las que la ATSB negó las garantías de crédito de 54 y 50.5 millones de dólares respectivamente, alegando dudas sobre su capacidad de pago de la deuda.
Cualquier medida que adopten las compañías aéreas afectará en una u otra forma al bolsillo de los viajeros, quienes tendrán que pagar más por los billetes y otros servicios.
Donald Carty y el presidente de American Airlines, Gerard Arpey, subrayaron que al recorte de 7,000 puestos de trabajo en esa compañía para marzo de 2003, se sumarán más acciones de reducción de gastos.
En medio de la expectativa ante la posible bancarrota de United, Delta Airlines, basada en Atlanta (Georgia), anunció ayer, una nueva política de facturación de maletas en los vuelos domésticos.
A partir de esta semana Delta cobrará 40 dólares por la tercera maleta que sea facturada en sus vuelos dentro de EU. En la actualidad se permite ese equipaje sin costo alguno.
Nuevos ajustes en aviación de EU
United, la segunda mayor compañía de transporte aéreo estadounidense, pasa por una etapa delicada en su economía