La Bolsa de Nueva York ha autorizado al Sovereign a vender el 19.9% al Santander sin consultar en votación a sus accionistas, aunque para ello el grupo español ha tenido que renunciar a algunos derechos que se había reservado.
Las dos entidades han logrado, de esta manera, sacar adelante una operación que parecía abocada a un callejón sin salida, debido a la dura oposición de varios accionistas institucionales del Sovereign, que estaban presionando a la bolsa de Nueva York (NYSE) para que forzara la convocatoria de una votación.
Básicamente, el grupo español que preside Emilio Botín ha renunciado al derecho a veto en la remoción del consejero delegado, así como a ejercer el derecho de voto por encima del 19.9% en caso de que incremente su participación, si no obtiene el apoyo del resto de accionistas.
Por contra, ha introducido una cláusula que obligará al estadounidense Sovereign a pagarle una penalización de 200 millones de dólares si entabla negociaciones de venta con una tercera entidad y se rompe el acuerdo.
Además, se ha eliminado el derecho que se habían reservado los actuales consejeros del Sovereign de permanecer por diez años más en el Consejo, tras la compra del Santander.
Con estas modificaciones, el NYSE ha autorizado al Sovereign a emitir las acciones necesarias para facilitar la entrada del Santander, en lo que supone una clara derrota para los accionistas que se oponían a la operación.
Varios de los grandes fondos de pensiones de EEUU, liderados por Relational Investors, se habían dirigido en las últimas semanas al NYSE para denunciar que, con la venta del 19.9% del capital, el Sovereign estaba sorteando la convocatoria de una votación, lo que es obligatorio en caso de colocaciones del 20%.
Entre los más duros opositores se encontraba el fondo de inversión Relational Investors, la gestora Franklyn Mutual y los fondos de pensiones que gestionan los derechos de jubilación de los funcionarios y profesores de California.
Estos accionistas, que juntos suman una participación en el Sovereign cercana al 13%, consideraban que la entrada del Santander era una toma de control encubierta de la entidad, pues el banco español se reservaba, entre otros derechos, la posibilidad de hacerse con el 100% del banco en el año 2008.