Economía

O"Neill sufrió efecto de sus comentarios desafortunados


Cuando el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, nombró sorpresivamente a Paul O"Neill como su secretario del Tesoro, el millonario hombre de negocios prometió ser un inconformista.
Pero su inclinación a decir lo que piensa con franqueza resultó ser muy polémica y esto terminó provocando su caída en momentos en que la administración de Bush busca una cara nueva que impulse planes para reavivar la economía.
"Sin contar a Three Mile Island y a Chernobyl, el historial de seguridad nuclear realmente es muy bueno", dijo O"Neill una vez, en uno de sus tantos comentarios desafortunados, en referencia a dos plantas nucleares donde ocurrieron graves accidentes.
O"Neill, de 67 años de edad, asumió su puesto al frente del Tesoro a comienzos del 2001, poco después de retirarse del mando del gigante del aluminio Alcoa, donde se había ganado la fama de ser uno de los ejecutivos más talentosos de Estados Unidos.
O"Neill había obtenido el respaldo de Alan Greenspan, el respetado presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Ambos habían sido funcionarios del gobierno del presidente Gerald Ford.
Sin embargo, desde el primer día en su cargo, el ex capitán industrial tuvo que demostrar a los escépticos de Wall Street que entendía las complejidades de los mercados financieros, y que podía actuar con precisión en el sensible tema de las monedas, al igual que sus predecesores Robert Rubin y Lawrence Summers.
Pero en lugar de tranquilizarse, los inversores se espantaron cuando O"Neill insultó a los operadores al decir que podía aprender su trabajo en dos semanas. También actuó torpemente en la tarea crucial de explicar la política del gobierno de Bush con respecto al dólar, la moneda referencial de otras divisas.
El presidente estadounidense también tuvo que intervenir cuando O"Neill provocó un escándalo diplomático con el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, a mediados de este año.
O"Neill insultó a los brasileños al sugerir que cualquier ayuda al país, a Argentina o a Uruguay, que atraviesan dificultades financieras, podía terminar en cuentas bancarias en Suiza.
El secretario del Tesoro aumentó, además, los problemas de Brasil al provocar una fuerte caída de la moneda local, el real, cuando adelantó que en una gira que haría por Latinoamérica no llevaría dinero fresco.
Sin embargo, al finalizar el viaje, Brasil contaba con un acuerdo crediticio nuevo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por unos 30,000 millones de dólares, gracias al respaldo del miembro más influyente del Fondo, Estados Unidos.
Este fue un caso más de un cambio radical en la política estadounidense que, según los críticos, dio la impresión de que el equipo económico estaba descoordinado.
En el frente doméstico, a O"Neill no le fue mejor. En febrero, en un cruce duro con Robert Byrd, un senador del estado de West Virginia, acerca de quién había sido más pobre en el pasado, O"Neill estuvo cerca de ponerse a llorar cuando describió cómo se las arregló para superar su humilde origen.
Pero O"Neill tampoco tenía muchos amigos en el gobierno. Su cercana relación con Greenspan no alcanzó para evitar las reiteradas peticiones para que renunciara, incluso por parte de senadores y representantes de su propio partido.


fecha edicion
old id
107668
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América