En las laderas del Kilimanjaro, la montaña más alta del continente africano, miles de pequeños productores de café se han ido empobreciendo cada año debido a la caída de los precios mundiales del grano.
Pocos están al tanto de la Conferencia Internacional del Café que comienza hoy, en Londres, con el objetivo de resolver una crisis que, según la organización humanitaria Intermón-Oxfam, "está destruyendo el medio de vida de 25 millones de productores en el mundo".
"Espero que salga algo bueno de esa reunión", dice Fabian Maridae, rodeado de plantas de café y de bananos cuyas enormes palmas apenas dejan ver la cima, siempre nevada, del Kilimanjaro.
Maridae, de 49 años, cultiva café en tres cuartos de hectárea, pero su venta no le cubre los costes de producción. "Me cuesta un dólar producir un kilo y me lo pagan a medio dólar. Hace cinco años producía 200 kilos cada temporada, este año he sacado sólo 53, pues no tengo dinero para comprar fertilizantes ni insecticidas", explica Fabian.
"Nos estamos empobreciendo. Muchos ya no pueden pagar el colegio de sus hijos. Es un círculo vicioso, pues cuanto más bajo es el precio, menos puede reinvertir el agricultor, por lo que su siguiente cosecha será peor y el precio caerá aún más", añade el agricultor.
Países productores y consumidores, compañías tostadoras e instituciones multilaterales intentarán desde mañana solucionar la situación mundial del café, cuyos precios han descendido un 70% en los últimos siete años.
El mercado estuvo regulado por el Acuerdo Internacional del Café hasta 1989, cuando éste se vino abajo especialmente por la irrupción de nuevos países productores, como Vietnam dejando al libre mercado la determinación de los precios. Desde entonces, el precio del café fue descendiendo y a finales de 2001 el café se vendía a su precio más bajo en treinta años.
Según Intermón-Oxfam, "los cultivadores de café reciben un 1 por ciento o menos del precio de una taza de café servida en una cafetería y el 6% de un paquete vendido en un supermercado". "Los márgenes reales del mercado los consiguen las compañías tostadoras de EU y Europa, que, en claro contraste con las pérdidas de los agricultores de los países en vías de desarrollo, están obteniendo unos beneficios extraordinarios", añade la organización.
"Pensamos que la liberalización traería la competencia y los agricultores se beneficiarían de precios más competitivos, pero lo único que nos ha traído ha sido la tiranía de los compradores, que imponen precios irrisorios", se lamenta Martin Malya, de 57 años, propietario de dos hectáreas de terreno.
Malya ha decidido dedicar parte de su producción al café "orgánico", que se cultiva sin ningún tipo de producto químico, pues "es el único sector en el que la demanda está aumentando un poco".
Según Leonard Kimati, de la Unión Cooperativa del Kilimanjaro, "en esta región, la venta del café supone el principal ingreso para el 99% de la población. Casi todos los granjeros dependen por completo de sus cosechas". Muchos productores han visto aliviada su situación debido a que venden un porcentaje de su mercancía a las llamadas tiendas de "comercio justo".
"El 5% de nuestra producción va a comercio justo. Nos pagan diez veces más por kilo y lo repartimos entre las 80.000 personas que viven del café en la provincia", dice John Kanjagaile, de Unión Cooperativa de Kagera, de la región noroccidental del país.
Precios empobrecen a productores
Los márgenes reales del mercado los consiguen las compañías tostadoras de EU y Europa, que obtienen beneficios extraordinarios