El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, que enfrenta sanciones más estrictas de los Estados Unidos y crecientes tensiones en el Golfo Pérsico, recurrirá esta semana a su grupo reducido de aliados en América Latina para buscar apoyo.
Ahmadinejad arribó a Venezuela el pasado domingo para dar inicio a una gira por cuatro países destinada a impulsar proyectos de inversión como una central hidroeléctrica en Ecuador.
Aunará fuerzas con líderes como Hugo Chávez de Venezuela y Raúl Castro de Cuba para dispararle a Estados Unidos en su propio patio trasero, desafiando los intentos de aislar a Irán por sus actividades nucleares.
Los aliados de Irán en América Latina no deberían esperar mucho a cambio.
Irán todavía no ha cumplido las promesas hechas por Ahmadinejad en viajes anteriores –hizo cinco desde 2005 de construir un puerto en Nicaragua y una refinería de petróleo en Ecuador.
Contrariamente a lo ocurrido en su última gira regional en 2009, no visitará Brasil, donde la presidenta Dilma Rousseff ha demostrado poco interés en profundizar los lazos forjados por su predecesor Luiz Inacio Lula da Silva.
“Las promesas de ayuda e inversión no han sido cumplidas”, dijo en una entrevista telefónica Cynthia Arnson, directora del programa para Latinoamérica del Centro Internacional Woodrow Wilson para Becarios en Washington. “Se trata claramente de una gira de solidaridad política para reforzar las relaciones con un pequeño número de aliados”.
Después de mantener conversaciones con Chávez ayer, Ahmadinejad viajará a Nicaragua para asistir hoy a la ceremonia de juramento del presidente Daniel Ortega, que fue reelecto para un segundo mandato consecutivo en noviembre. También visitará Cuba y Ecuador durante la gira de cinco días.
Durante la gestión de Ahmadinejad, Irán ha aumentado la influencia económica, política y militar en América Latina, aprovechando un aumento del sentimiento antiamericano en la región encabezado por Chávez y su Alianza Bolivariana para las Américas formada por ocho países.