Argentina, que desde hace meses atraviesa una intensa reactivación económica, enfrenta una inevitable escasez de energía que podría desalentar la recuperación y generarle al presidente Néstor Kirchner un fuerte dolor de cabeza.
La privatizada industria energética golpeada por un profunda recesión entre 1998 y el 2002, un congelamiento de tarifas de dos años y una devaluación de la moneda local afirma que lucha por mantener el suministro de energía ante una demanda creciente por la expansión económica.
"La escasez de energía es inevitable. El verdadero dilema es quién sufrirá los cortes: el sector exportador, la industria o los consummidores, y por cuánto tiempo", dijo una fuente familiarizada con el sector energético.
Argentina, que tiene una de las tarifas de gas más bajas del mundo medida en dólares por un congelamiento de tarifas y una caída de la moneda desde enero de 2002, disfrutó así de una especie de subsidio que protegió a los consumidores, pero que creo cuellos de botella en la oferta.
Medido en dólares, el precio del gas natural es un tercio de lo que lo era en el 2001. Eso llevó a miles de automovilistas, por ejemplo, a utilizar Gas Natural Comprimido (GNC) en lugar de la encarecida gasolina.
La demanda de GNC creció cerca de 70% en el 2003, mientras que la producción sólo subió 10%. Un 45% de la energía eléctrica argentina proviene de generadoras alimentadas a gas. Las represas hidroeléctricas, que sufren por la sequía imperante, producen otro 45 por ciento.