La producción de medicamentos ya no es un proceso fácil debido al conjunto de problemas que afecta a la industria: desde exigencias de control de la calidad y plantas procesadoras inadecuadas hasta la escasez de fábricas capaces de producir fármacos biotecnológicos.
Eli Lilly & Co, Schering-Plough Corp y Wyeth, están entre las compañías que se han convertido en el blanco de los reguladores estadounidenses por las llamadas “prácticas deficientes de producción”, que van desde brechas en el archivo de datos hasta problemas con el control de la calidad, como no llenar con medicamento los dispositivos para aliviar el asma.
La censura de los reguladores estadounidenses puede tener un alto precio. Schering-Plough tuvo que pagar 500 millones de dólares por un acuerdo, además de posponer el lanzamiento de su nuevo fármaco para la alergia, Clarinex, durante más de un año, debido a problemas de producción con la Dirección de Alimentos y Fármacos (FDA) de Estados Unidos.
“La producción es una variable que no ha sido controlada por la gerencia de estas compañías, porque se han concentrado en los resultados”, dijo Ira Loss, analista de un grupo independiente de investigaciones, llamado Washington Analysis.
“Es algo que todos conocen. Como las ruedas oxidadas necesitan engrasarse, habrá mucha atención sobre este paso de avance de los ejecutivos de la industria farmacéutica. Quien no lo dé, no permanecerá por mucho tiempo”, dijo Loss.
Mientras las calamidades en las plantas continúen ahogando el crecimiento de las ganancias y acciones de algunas grandes farmacéuticas, la barrera de patrones de producción será más alta, según observadores de la industria.
Al mismo tiempo, la FDA está prestando mayor atención a la fabricación de medicamentos, por lo que la industria tendrá que resolver problemas más fundamentales a medida que se concentra en los fármacos biológicos basados en proteínas, los cuales son más complejos y caros que los fármacos convencionales de moléculas pequeñas.