Según la FAO el bosque se define como “una superficie de tierra de más de media hectárea (5,000 m2), con árboles de altura superior a 5 metros y una cubierta forestal de más del 10%, o con árboles con potencial para cumplir dichos parámetros”. Los bosques proporcionan beneficios y ofrecen ventajas sociales y económicas, como: empleo, beneficios generados por la transformación y comercialización de los productos forestales, o con las inversiones en el sector forestal, en plantaciones y otros.
Los bosques albergan y protegen sitios y paisajes de alto valor cultural, espiritual o recreativo. Aunque los bosques se valoran en términos monetarios, la función social de los bosques es difícil de medir y puede variar considerablemente de un país a otro, en función de sus tradiciones y de su nivel de desarrollo. El mantenimiento y fortalecimiento de estas funciones forma parte de la gestión sostenible de los bosques. De igual forma, el Estado coadyuva generando el marco legal y la institucionalidad adecuada a las actividades sostenibles.
Además de proporcionar madera y otros productos, los bosques y los árboles situados fuera de los bosques tienen un papel protector en relación con los ecosistemas, con el mantenimiento de los recursos acuíferos y con la prevención de impactos provocados por inundaciones, avalanchas de tierra y lodo, sequías y procesos de erosión. Por esto muchos países han identificado áreas forestales protegidas y les han otorgado un estatuto especial.