supervisión
- El objetivo de los programas es mejorar la situación de los jóvenes; la capacitación es un medio para alcanzar ese objetivo. De ahí la importancia de que los programas que delegan el servicio de capacitación en centros privados, fortalezcan los sistemas por medio de los cuales evalúan si los centros de entrenamiento están en condiciones de ofrecer una capacitación que responda a las necesidades del sector privado.
- Si bien algunas entidades educativas como las universidades públicas pueden ofrecer cursos de calidad, sus vínculos con el sector empresarial pueden ser débiles y su capacidad para adaptar los currículos a una formación de corto plazo puede ser reducida.
Una de las consecuencias más graves del desempleo juvenil en América Latina es el efecto cicatriz, que significa que un joven desempleado o con trabajo precario tiende a mantener esta situación a lo largo del tiempo.
El desarrollo de habilidades no cognitivas, como el trabajo en equipo y la puntualidad, es de gran importancia para que los jóvenes logren insertarse en un empleo formal. Asimismo, las habilidades técnicas, como el conocimiento de un oficio, también son un aliado a la hora de buscar empleo.
Por último, es importante el desarrollo de mecanismos de conexión entre los jóvenes y los empleadores, empezando por el ofrecimiento de capacitaciones que sean demandadas en el mercado.
Así lo explica Laura Ripani, de la Unidad de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La economista subrayó el esfuerzo de los países de la región para mejorar la situación laboral de los jóvenes a través de una combinación de programas de capacitación e intermediación laboral.
La situación laboral de los jóvenes en Latinoamérica y el Caribe es una creciente preocupación en la región, donde la tasa de desempleo de los jóvenes triplica la de los adultos y muchos se emplean en el sector informal, en trabajos de bajo salario y escaso valor agregado.
Asimismo, el fenómeno de los NINI, que son jóvenes inactivos que no trabajan ni estudian, ha despertado una gran preocupación de investigadores y expertos en mercados laborales y educación, y como consecuencia, en los medios de comunicación.
Según Ripani, las prácticas profesionales deben ser una parte importante de los programas de capacitación, existiendo ya numerosos programas ligados a una posterior práctica profesional, donde los jóvenes pueden aplicar los conocimientos adquiridos y sumar experiencia laboral valiosa.
Para muchos jóvenes, la precariedad de la situación laboral los conduce a la marginalización social y a la adopción de comportamientos de riesgo como la violencia y la criminalidad.
Como respuesta a este problema, los gobiernos han implementado una diversidad de políticas entre las cuales los programas de capacitación e inserción laboral para jóvenes urbanos constituyen la respuesta más frecuente.
Sin embargo, a pesar de su importancia, existen vacíos en cuanto al conocimiento de estos programas, dada la baja frecuencia con la que se implementan evaluaciones de impacto rigurosas y se desarrollan análisis en profundidad sobre los factores que inciden en el éxito de los programas.
¿A quién dirigir los programas?
Los programas que establecen requisitos estrictos para la contratación de los pasantes tienen la virtud de lograr altos indicadores de inserción entre sus beneficiarios. Sin embargo, al dirigirse a jóvenes que han pasado por un proceso altamente selectivo, corren el riesgo de brindar atención a jóvenes que hubieran accedido a empleos formales incluso en ausencia de la intervención.
Esto contrasta con programas que focalizan en los jóvenes más vulnerables, lo que implica que para tener un impacto significativo sobre las condiciones laborales de los beneficiarios deben implementar acciones más intensivas. Por lo tanto, en estos programas se corre el riesgo de ofrecer intervenciones que son insuficientes para saldar las deficiencias en habilidades que tienen los jóvenes. Por ello, es importante ajustar las intervenciones a las características de los beneficiarios. También lo es identificar con claridad aquellos subgrupos de la población para los cuales este tipo de intervenciones son inefectivas e insuficientes. Claramente, habría un incremento en la eficiencia si se eliminan estos grupos de la población objetivo y se reasignan los recursos hacia quienes efectivamente se pueden beneficiar con estos programas. Es probable que estos programas sean inadecuados para los jóvenes con carencias formativas muy profundas o para los menores de edad, pues ellos podrían requerir de acciones más intensivas con objetivos más amplios que la inserción laboral.