El crecimiento económico y la inversión se relacionan directamente provocando un efecto acelerador, el cual se entiende en macroeconomía, al efecto positivo sobre la inversión que tiene el crecimiento de la economía.
Un incremento en el Producto Interno Bruto (PIB) implica que los negocios en general ven incrementar sus utilidades, ventas, flujo de caja, y aumenta por tanto, el uso de la capacidad instalada.Por ello las expectativas de utilidades y la confianza de los inversionistas aumenta, y motiva a las empresas a construir más fábricas e instalar más maquinaria.
En la actualidad cuando las economías tratan de recuperarse de los efectos de la crisis financiera global, se observa en nuestro país una disminución de la Inversión Extranjera Directa (IED) en el sector construcción, que en nuestro caso constituye uno de los pilares del crecimiento económico.
Como el efecto acelerador también impacta en la vía contraria, si el PIB cae, caen también las ganancias, ventas, flujo de caja, el uso de la capacidad instalada y las expectativas.
Esto a su vez desalienta la inversión en nuevos activos fijos (en nuestro caso construcciones) que de no aplicar políticas contracíclica pudiera llevarnos a una recesión.
En este sentido, no dejar caer la IED en la construcción constituye un compromiso prioritario del nuevo gobierno.