Lo que hace unos meses era tema de debate ampliamente difundido por los medios, entre el gobierno nacional, legisladores, entre políticos y académicos, hoy es una realidad que no se puede ignorar.
La denominada recesión ha llegado para quedarse y se ha expandido hacia todos los sectores de la economía nacional, con los síntomas propios de la crisis cuyos efectos nuestra economía los sufre a diario: cierre de empresas, restricción en el gasto de consumo, producción a media máquina, los estudiantes del sector privado retornan al sector educativo oficial, las grandes empresas que representan grupos económicos cierran o se fusionan, estas y otras son señales que nos envía el mercado para tomar los ajustes necesarios.
¿Qué es, cómo se origina y qué comprende la recesión? . Estas son preguntas básicas que debemos responder, para ver si el ciudadano común puede comprender esta situación de la economía. Generalmente el ciudadano común responde: no se cómo se define pero yo sólo sé que afecta mi bolsillo y mi capacidad de compra. El empresario pudiese responder: comprendo el concepto pero mi inventario no se mueve a la velocidad que necesito y los intereses del banco no esperan. El productor responde sencillamente: lo que estoy produciendo no sale al mercado, tengo más operarios de los que necesito para el momento actual.
Estas son expresiones sencillas de un problema complejo. Todos estos elementos van definiendo un entorno de crisis que se profundiza día a día y las expectativas no apuntan a soluciones efectivas, por lo que es necesario pasar del discurso a la acción, del programa a la ejecución.
EL CICLO ECONOMICO Y LA DESACELERACION
El ciclo económico representa las fluctuaciones de la economía que se reflejan en las variaciones positivas o negativas de los índices macroeconómicos, y se compone de cuatro fases: depresión, expansión, auge y recesión. La actividad económica tiene un comportamiento cíclico, de forma tal que los períodos de auge en la economía van seguidos de una recesión o desaceleración del crecimiento, a la que sigue, por lo general, una depresión, si no se mantienen bajo control los indicadores económicos; o bien una recuperación, si es que se adoptan las necesarias políticas económicas.
La desaceleración se refiere a la disminución de la velocidad del crecimiento, cuando la tasa de crecimiento de un año es inferior a la del año anterior. Aunque existe crecimiento, su tasa disminuye.
La recesión se refiere al punto específico cuando el crecimiento toca fondo en el ciclo. Se produce como efecto, un descenso temporal que experimenta el crecimiento económico caracterizado por la disminución de la demanda, de la inversión y de la productividad y por el aumento del desempleo y la inflación.
EL ENTORNO NACIONAL
La economía panameña ha crecido históricamente dinamizada por las economías de servicios y las economías de enclave y se refieren a la Zona Libre de Colón, al Canal de Panamá, y el Centro Financiero, denominadas como servicios al mercado internacional. Se plantea que dichas actividades no producen efectos colaterales en la economía considerándose enclaves; no obstante, su aporte al PIB representa un fuerte impulso principalmente por el valor agregado que generan.
La economía de Panamá caracterizada como una economía de servicios, pequeña y dolarizada, no depende significativamente de las exportaciones de bienes agrícolas y manufacturados que constituyen elementos esenciales de las economías latinoamericanas, lo cual le significa una ventaja ante los efectos de las diversas crisis de los últimos años.
El comportamiento del Producto Interno Bruto ha sido cíclico en su evolución y ha sufrido en las dos últimas décadas los efectos de los shock externos como los del petróleo. Ha podido sortear los embates de los efectos tequila, la crisis asiática y últimamente los efectos tango y mate, que son crisis internacionales que han causado estragos en las economías latinoamericanas. Igualmente la economía panameña pudo recuperarse de la crisis política y del embargo norteamericano que se suscitó a finales de los años ochenta y emprender el camino de la reforma económica.
El crecimiento, sin embargo, no ha sido vigoroso y las expectativas no se han cumplido. A partir de 1991 se inicia el proceso de reforma económica, una vez levantado el embargo y resuelto el problema político. La tasa de crecimiento en su punto máximo llegó a marcar 9.4%, influenciado desde luego por el levantamiento del embargo norteamericano, la liberalización de los fondos retenidos por los norteamericanos y el reinicio de proyectos que estaban congelados por el momento crítico que se vivía.
Cabe destacar, el gran dinamismo de las empresas privadas que, a pesar del saqueo a que fueron sometidas ,se recuperaron rápidamente. La trayectoria del crecimiento en los noventa presenta dos grandes procesos de desaceleración con una diferencia entre los ciclos. Entre 1991 y 1995 la economía tocó fondo con una tasa de 1.8%. Sin embargo, el proceso de desaceleración fue del tipo V (la economía toca fondo y vuelve a subir tan rápido como ha caído), lo cual significa que no hubo recesión. A partir de 1995 un proceso de crecimiento acelerado, es decir, entre 1994 y 1995 las autoridades de la política económica pudieron revertir la tendencia.
El período pre-eleccionario a mitad de 1998 y parte de 1999 descuidó la velocidad del crecimiento y reaparece un proceso de desaceleración que hasta el momento se presenta como del tipo L (la economía se ralentiza, cae y se mantiene durante un período de tiempo amplio y prolongado). En este escenario es necesario destacar que la confianza de los consumidores y de las empresas se desploma y disminuye el consumo, las ventas y la producción, aún si el Gobierno incrementara el gasto público no consigue el objetivo de estimular al sector privado, la economía se estanca.
En términos generales, algunos economistas plantean que una economía está en recesión cuando mantiene dos trimestres de crecimiento negativo. Pero no existe ninguna norma que valide esta definición. En Estados Unidos por ejemplo la National Bureau of Economic Research (NBER) define la recesión como un periodo de descenso en la producción, ingresos, empleo y comercio, que abarca desde seis meses a un año. Igualmente una desaceleración económica siempre anticipa la recesión, aunque no tiene por qué desembocar en ella. Una depresión es una recesión más intensa, que se puede alargar más de un ejercicio.
Cómo ha sido la evolución del crecimiento de acuerdo a su tasa. Desde 1991 hasta el 2000 ha atravesado por dos fases de desaceleración, sin embargo, hasta el primer semestre del 2001 la economía se mantiene estancada y su tendencia es hacia una fase recesiva, pues su tasa de crecimiento ha pasado de 2.2% (último trimestre 2000) al 2.0% (primer trimestre 2001) lo cual estaría indicando una fase recesiva.
EL ENTORNO INTERNACIONAL
La cumbre de los siete países más industrializados y Rusia, que se realizó en Génova en medio de una crisis económica mundial generada por ellos mismos, tuvo como tema central la desaceleración de la economía mundial, que se prevé que este año crezca apenas un 2%, la tasa más baja en 20 años. La clave de esta desaceleración está justamente en los países del G-7. Los tres grandes EU, Japón y Alemania están sufriendo un simultáneo paro de la actividad económica por primera vez en el últimos 25 años.
Las medidas que individualmente se han tomado en EU, Japón y la Unión Europea no han despejado totalmente la preocupación de que la desaceleración económica se convierta en recesión. EU ha bajado seis veces el precio del dinero y depende de que el consumidor no deje de gastar para que la economía no se hunda del todo. Japón ha puesto en marcha todas las fórmulas económicas conocidas para levantar una economía que, a pesar de todo, aún sigue al borde de la recesión.
En EU, Alan Greenspan Director del FED, advierte que el periodo de desaceleración de la economía estadounidense aún no ha terminado y que, incluso, podría agudizarse: "El período de bajo desempeño económico aún no ha terminado, y no descartamos la posibilidad de que la debilidad económica sea mayor de lo anticipado y requiera nuevas medidas", señaló. Igualmente señaló que sería necesario implementar nuevas medidas de política monetaria para impulsar la actividad económica, y advirtió riesgos de que el gasto del consumidor disminuya en los próximos trimestres y enfatizó que la disminución de la demanda de equipo de capital, causada por la desaceleración de la economía, "supone un problema continuo a corto plazo".
REVERTIR LA TENDENCIA
Esta claro que estamos ante la presencia inminente de una fase recesiva que sabemos cómo comienza, más no cómo termina, lo cierto es que si seguimos realizando planes de contingencia de corto plazo, comisiones para promover soluciones a problemas parciales, no estamos pensando como Estado sino como grupo, donde se concluyen soluciones laterales en función de los objetivos de grupo y no de la economía en su conjunto. Para revertir la tendencia debemos pensar en que una fase recesiva es un problema de Estado y el elemento más importante para su guía corresponde a la política económica, no podemos enfrentar un proceso recesivo si no tenemos claro su magnitud, el gobierno anterior logró revertir la tendencia con un claro y profundo programa económico, sin embargo, la desaceleración aparece nuevamente a partir de 1998 y actualmente la economía está estancada sin sobrepasar el 2.0%.
Las causas de la desaceleración en Panamá han sido ubicadas en el alza de los precios del petróleo, la salida de las bases y del personal militar norteamericano, la caída de las ventas de la ZLC y de las economías de plantación, pero significativamente debemos destacar la ausencia de un verdadero modelo económico en el marco de una política económica que apunte hacia la competitividad.
¿CUENTA PANAMA CON UNA POLITICA ANTIRECESIVA?
Definitivamente, no observamos la presencia de algún instrumento de política económica antirecesivo, sino más bien, una concepción de política fiscal restrictiva y constrictiva, en los precisos momentos en que se requiere expandir las actividades y diversificar las actividades económicas. Esto pudiera significar dos cosas: la primera es que no ha se ha comprendido la dimensión del problema y la segunda: que no se cuenta con un verdadero plan macroeconómico ni los instrumentos de política adecuados. No podemos depender solamente de las expectativas de turismo, del área canalera y el fondo fiduciario, se necesita un plan económico definido.
La concepción simplista del problema cíclico de nuestra economía y la politización de las medidas que pudieran expandir las actividades económicas, aunado a la confusión en la toma de decisiones de política económica, no permite generar soluciones.