A pocas semanas para que la presidenta electa, Mireya Moscoso, asuma el mando del nuevo Gobierno, no es ninguna incógnita que la primera mujer en guiar los destinos de la República, enfrentará grandes desafíos en todos los sectores, sin embargo para poder sacar el país a flote, el nuevo Gobierno deberá antes que todo, buscar una consolidación nacional y una reinserción a nivel internacional.
De acuerdo al estudio, Carta Socieconómica de Panamá, editado por el Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá, dirigido por el economista Juan Jované, la llegada del nuevo siglo, la recuperación de la plena soberanía a lo largo de todo el territorio nacional y la cercana celebración del centenario de la República, son acontecimientos que permiten al país vislumbrar la actual coyuntura como un inédito punto de partida para la reconstrucción de la sociedad panameña.
Según Jované, el reto de la consolidación nacional se refiere a la necesidad de cimentar nuestra autodeterminación, que en el inicio del nuevo siglo tiene como primer paso recobrar la pena soberanía sobre todo el territorio nacional.
En esta perspectiva, agrega, debe tomarse en consideración que el uso adecuado de las áreas revertidas, representa una obligación y una gran oportunidad, para incorporar a la economía nacional un conjunto de activos económicos que operaban como un enclave ajeno al desarrollo de la sociedad panameña.
Su incorporación significa articular ese auge al resto de la comunidad, para que se impregne una nueva dinámica a su desarrollo. Esta situación permitirá un espacio para acelerar el crecimiento y favorecer la posibilidad de concentrar los escasos recursos para la generación de infraestructura, destinada a usos alternos que, entre otras cosas, faciliten la posibilidad de un desarrollo más articulado y balanceado desde el punto de vista regional.
De igual forma, el estudio realizado por el IDEN analiza que el país requiere definir una política exterior que no se limite simplemente a las relaciones con los Estados Unidos y recobre su participación en los foros y organizaciones internacionales, principalmente, en aquellos cuyos miembros comparten intereses estratégicos, como el Grupo de Países No Alineados, la Organización de Estados del Caribe, El Movimiento Sur-sur, los países miembros de la Cuenca del Pacífico; que permiten vínculos comerciales estables y sirvan de interlocutores ante los bloques económicos y políticos más pujantes.
En tanto, el rescate y la consolidación de la cultura nacional es una tarea que impone brindarle una atención acelerada, que resalte la riqueza de las diversas culturas que componen nuestra sociedad multiétnica.
La reivindicación de la historia nacional como componente primario de nuestra identidad, exige de un esfuerzo común por todos aquellos comprometidos con el desarrollo de la nación panameña.
Uno de los principales retos que debemos enfrentar son los problemas vinculados a la reinserción. En el actual escenario mundial no se cuestiona la importancia de que los países participen activamente en la economía internacional, realidad que cobra mayor trascendencia para países pequeños como el nuestro, cuyos beneficios de esta participación pueden promover cambios significativos en sus estructuras productivas, y consecuentemente, en el modelo de desarrollo.
Agrega que Panamá ha escrito gran parte de su historia en función de la inserción internacional basada en su estratégica posición geográfica, la cual ha determinado el desarrollo de su economía y desde hace varios años presenta signos de un franco agotamiento.
Una estrategia de reinserción internacional puede brindarle a nuestro país un conjunto de oportunidades que van desde la asignación de recursos, producto de nuestras ventajas comparativas y el uso óptimo de la capacidad instalada, hasta el aprovechamiento de las economías de escala, la incorporación del desarrollo tecnológico, el crecimiento de la economía y el empleo.
Una adecuada reinserción a la economía internacional posibilita rebasar las limitaciones del mercado interno, mejorar la situación de la balanza de pago, incrementar el ingreso e incentivar la inversión y la transferencia de tecnología.
Para proteger avances en el proceso de reinserción internacional, destaca el IDEN, es indispensable que esta política se enmarque dentro de un programa integral de forma tal que la coherencia del modelo se traduzca en la ejecución de políticas simultáneas en áreas que determinan la capacidad de incorporación efectiva al plano internacional.
No se puede limitar la reinserción económica a la liberalización comercial sin generar propuestas en áreas como la promoción de exportaciones, la reconversión tecnológica, la capacitación de los recursos humanos o incentivar las finanzas hacia estas metas.
Para Jované y los investigadores del IDEN, existen varios factores que determinan la forma en que Panamá participa en la economía internacional. Un elemento fundamental, es la existencia de un modelo económico basado en las actividades de servicios internacionales representado por las actividades del Canal de Panamá, las operaciones portuarias, en especial, los puntos terminales del Canal; los servicios del Oleoducto Transístmico destinados al trasiego de petróleo, las actividades comerciales de la Zona Libre de Colón y los servicios financieros del Centro Bancario Internacional.
En su conjunto, estas actividades se presentan en la etapa de maduración del ciclo de vida del negocio, y en algunos casos, como el del oleoducto, la actividad llegó a su fin.
Otro elemento que determina la pobre inserción de nuestra economía en el plano internacional es que los principales bienes de exportación son productos primarios de poca dinámica en el comercio mundial y que conceden pérdida en los términos de intercambio.
En 1997, el volumen del comercio mundial de mercancías creció en un 9.5 por ciento, segundo mejor porcentaje en veinte años; mientras que la producción mundial crecía en 3 por ciento. Los productos que más contribuyeron a este crecimiento fueron los relacionados a la informática, los artículos electrónicos, de la metalmecánica, bienes farmacéuticos y productos biotecnológicos. Las exportaciones industriales de América Latina muestran una tasa de crecimiento anual en valores reales de 7.2 por ciento en 1980-1992.