Que el uso de subterfugios para conseguir objetivos loables es bueno, pero nunca tanto, lo confirma la seguidilla de procesamientos judiciales a quienes armaron tinglados para pagar sobresueldos a empleados fiscales o financiar labores ministeriales imprescindibles para el desarrollo del país, que el presupuesto no alcanza a solventar.
Por lo mismo, se ha asentado la convicción de que habría que aprovechar la fiebre pro transparencia para regularizar otras soluciones parche, al filo de lo legal, con que se intentó resolver problemas estructurales. Sobretodo las que generan reparos y arriesgan la urbanidad de las relaciones entre los actores comprometidos, como los mentados "aportes viales", un concepto desarrollado a mediados de los años "90 por las municipalidades para financiar con recursos privados las necesidades de infraestructura pública derivadas de la expansión y la densificación de las comunas.