La publicidad tiene la tarea de seducir al consumidor para que sienta que desea y necesita algún producto al grado de endeudarse más allá de sus posibilidades reales. Por lo que es hora de que los consumidores se enfrenten a la tentación del consumo desenfrenado y curen su maltrecha economía.
Desafiar la seducción de los anuncios es todo un arte. Ante el bombardeo publicitario impregnado de colores brillantes, esculturales modelos, viajes espectaculares, promociones imperdonables de productos que nos prometen obtener mayor estatus y felicidad, es casi innegable que cualquier consumidor desee poderosamente obtener los mismos, aun a costa de adquirir deudas que a largo plazo pueden ocasionarle un verdadero dolor de cabeza.
El carnaval de consumo no parece tener fin, y es que detrás de cada anuncio hay todo un equipo de profesionales buscando cómo hacer que usted consumidor desee, anhele y sienta que necesita tener esto o aquello para satisfacer su deseo de bienestar.
Desde que se levanta y enciende la luz, se ducha, prepara el desayuno y hasta que se acuesta, dejando el cargador conectado a su celular, sigue consumiendo sin parar, pero ¿cómo podemos transformarnos de un simple consumidor a uno vigilante y socialmente responsable? La primera pregunta que se hace un consumidor vigilante ante un artículo que llame su atención es si realmente lo necesita y la segunda, si puede costearlo.
No es lo mismo que tenga dinero en la mano para comprarlo en ese momento a que pueda pagarlo; veamos: si lo paga a crédito, es porque no tiene el efectivo y a menos que pague antes de que se venza el plazo, tendrá que cancelarlo con intereses, lo que significa que estará pagando más del precio marcado; si lo paga del dinero que tiene a mano, debe asegurarse de que no estará incurriendo en un gasto extra y dejando de honrar algún compromiso previo (lonchera escolar, luz, agua, transporte o gasolina, teléfono, etc.) y aun estando libre de deudas, debe pensar que dejará de engrosar su cuenta de ahorros.
No es que no pueda darse un gusto de vez en cuando, la idea de este artículo es que reflexione antes de que se acostumbre a comprar cosas que no necesita realmente y que, a la larga, tal vez no puede costearlas.
Con unos sencillos ajustes usted, yo y cualquiera puede gastar menos o ahorrar más, por ejemplo, ¿está realmente apegado a su presupuesto o ni siquiera sabe cuánto es su gasto mensual o quincenal?, debe considerar el dinero que gasta en un café extra, juegos de azar, cine, comida rápida o unas galletitas en la tienda, todo eso va sumando a su lista de gastos y muchas veces no los vemos como gastos, le tocará pedir prestado antes de que termine el mes. Si esto le sucede con frecuencia, es un claro indicativo de que está viviendo por encima de sus posibilidades económicas y que debe hacer ajustes urgentes o buscar un trabajo extra que le permita generar más ingresos y arrópese hasta donde llega la manta.
¿Qué medidas debe tomar? Para reducir gastos: pruebe a utilizar menos el teléfono celular. Si es pospago, ajústese a su plan y no se exceda en los minutos; si es prepago, no se deje llevar por las promociones de hable gratis o “wassapea lo que quieras” y esté pendiente del consumo en tarjetas de los hijos, quienes pueden estarle haciendo un hoyo en el bolsillo con la compra frecuente de la tarjetita prepagada. Recuerde, así como reza un viejo refrán, centavo a centavo se llega a millonario, podemos decir que también, centavo a centavo de menos queda arruinado. Recuerde siempre que ¡un consumidor vigilante tiene poder!