"La empresa orientada al cliente empieza por el mercado y se deja guiar por él en cada decisión, inversión y cambio".
Esta célebre frase de Jan Carlson cae como anillo al dedo para aquellas empresas que ponen en práctica la responsabilidad social orientada a quienes se benefician o se perjudican de una u otra manera con la actividad que realizan.
Esta actitud demuestra la calidad humana de los empresarios que no sólo piensan en producir y vender más con el menor costo posible, sino en ayudar a sus clientes, proveedores, empleados, y a quienes están a su alrededor.
En contraste a esto, hay otras compañías que causan graves daños al ambiente sin importar la salud humana y los efectos negativos contra el ecosistema, o sin ir tan lejos, aquellas industrias que no tienen sentido de solidaridad olvidando que su éxito depende de los consumidores.
Vemos anuncios por todos lados sobre donaciones y obras de caridad para con los más necesitados, pero nunca se publican los despidos o las alzas de precios que sufren los usuarios.
La responsabilidad social se está convirtiendo en una herramienta eficaz para garantizar el éxito en las empresas y la confianza de sus clientes, propietarios y la comunidad en general.
No se debe olvidar que los grandes negocios se deben a los pequeños compradores y que la supervivencia está en manos de los colaboradores que día a día trabajan para llevar el sustento a su hogar y que muchas veces son mal compensados por sus superiores.
En Panamá aún se está en pañales en este tema y hace falta crear conciencia para que la responsabilidad con la sociedad vaya de la mano del accionar de las empresas.
Aunque esta es una decisión voluntaria hay una normativa moral y ética que nos impulsa a trabajar por el bien común, adoptando una posición de liderazgo en beneficio social.
No es suficiente con pregonar a los cuatro vientos la Misión, Visón y Objetivos de la empresa. Lo importante es ofrecer servicios de calidad que incluyan la inversión en el capital humano, que contribuya al crecimiento de la empresa.