Los seguros son un tema anodino que pasa desapercibido para muchos latinoamericanos, pero son claves para el desarrollo económico, dijo Guillermo Aponte, presidente de la Asociación de Supervisores de Seguros de América Latina (ASSAL).
Las aseguradoras que operan en la región se embolsan actualmente 90, 000 millones de dólares en concepto de primas anualmente, el doble que hace siete años, pero el mercado potencial es mucho mayor, según Aponte.
Su expansión no es sólo buena para las empresas, sino para la salud económica de América Latina en general, explicó Aponte en una reunión con un grupo de periodistas en Washington.
En el caso de un hotel, sin ir más lejos, un seguro contra ciertas demandas puede evitar que el pago de una alta indemnización por negligencia le lleve a la quiebra, explicó Aponte.
A nivel individual, un seguro de vida de un padre puede garantizar la educación de un hijo y un seguro inmobiliario puede ahorrar el llanto incontenible por los daños físicos provocados por un terremoto, señaló.
En este sentido, los seguros contribuyen "a la lucha contra la pobreza", dijo Aponte, quien también es el superintendente de pensiones, valores y seguros de Bolivia.
Esa perspectiva acerca a ASSAL -que cuenta con 19 países miembros en América Latina, más España y Portugal- al BID, la principal fuente de crédito pública internacional para América Latina.