YA SEA sea que estemos analizando la propuesta de ampliar el Canal de Panamá, la compra de un edificio, la de un lote de acciones corporativas, o la de cualquier otro activo productivo, desde un punto de vista estrictamente financiero una inversión se consideraría un "buen" o "mal" negocio por las mismas razones.
Para evaluar cualquier propuesta de inversión, por lo general se utiliza uno de dos métodos, el "valor presente neto" o la "tasa interna de retorno".
El primero parece derivarse del sentido común: usted compara lo que invierte con lo que espera que el proyecto le rendirá a lo largo del plazo o período de inversión.
Es decir: el proyecto sería un "buen negocio" si lo que usted espera recibir es mayor a lo que usted tiene que invertir.
Por ejemplo, si se tratase de la ampliación del Canal, usted tendría que comparar el monto de la inversión con los ingresos netos adicionales que se espera que el proyecto le producirá al país durante su vida económica.
Si se tratase de una inversión en un edificio, el cual usted espera vender dentro de cinco años, entonces usted compararía el precio del edificio con los ingresos netos que usted espera recibir durante esos cinco años, más el valor de la venta del edificio al final de dicho plazo. La suma de estas dos últimas cantidades debe ser mayor al precio del edificio, de otra manera se le consideraría un "mal negocio".
El otro método consiste en comparar la tasa de rendimiento que usted considera que es la "mínima aceptable", con la que se pronostica que el proyecto le generará. La tasa "mínima aceptable" depende de qué tan riesgoso es un proyecto: mientras mayor el riesgo, mayor debe ser el rendimiento potencial.
Como norma general, usted parte de dos tasas de referencia, la "tasa mínima libre de riesgo", y la "tasa promedio". La primera es la que pagan bonos gubernamentales o un depósito a plazo fijo en entidades con "calidad de inversión"; actualmente, esta tasa se acerca al 6% anual. La tasa "promedio" de referencia podría ser la obtenible a largo plazo en el mercado de capitales de Norteamérica, que oscila alrededor del 12% anual.
Un proyecto de "alto" riesgo debería rendirle más que la tasa promedio. Uno de "bajo" riesgo debería rendirle menos que el promedio, pero más que la tasa "mínima libre de riesgo".
Por ejemplo, la ampliación del Canal es un proyecto de alto riesgo, y por ende el pueblo panameño debería exigir que el mismo rindiese no menos de 14% anual. Una inversión en acciones altamente volátiles sería aún más arriesgada -probablemente usted exigiría de ella una tasa superior al 18%.
Algunas inversiones tienen costos adicionales que son difíciles o imposibles de cuantificar.
Por ejemplo, la ampliación del Canal de Panamá tendría consecuencias sociales y ecológicas, relacionadas a los "embalses" que probablemente serían necesarios para surtir de agua a las nuevas esclusas.
De no percibir el inversionista que los beneficios potenciales del proyecto serían lo suficientemente grandes como para compensar estos costos adicionales, la decisión correcta sería la de no invertir en ése, sino en algún proyecto alterno que le genere mayores beneficios.
Roberto N Méndez es profesor de economía en la Universidad de Panamá y socio de "Consultores del Istmo" (consultoresdelistmo@lycos.com).