El director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, considera que Grecia no tiene más remedio que optar por una política de deflación, recortes salariales y rebajas en los precios, para salir de su profunda crisis financiera.
En declaraciones al semanario austríaco “Profil”, el responsable del FMI explicó que entre las estrategias posibles ante una situación de endeudamiento y alto déficit, como el caso griego, está la devaluación de la moneda para aumentar la competitividad.
“Esto no es posible en el caso griego”, por ser un país de la Eurozona, indicó el ex Ministro francés de Economía.
“El único medio efectivo que queda es la deflación. Exactamente eso es lo que ha recomendado, de forma correcta, la Comisión Europea”, sentenció.
El máximo responsable del FMI admitió en la entrevista que esa estrategia “será dolorosa”. “Eso significa salarios y precios a la baja. Grecia tiene que seguir exactamente el camino inverso que ha imperado en los últimos años”, explicó el experto economista.
Strauss-Kahn señaló que es la falta de competencia del Estado en la rebaja salarial, más allá de la Administración pública, lo que hace “muy difícil poner en práctica el plan de apoyo aprobado por la Unión Europea”.
“Pero para los griegos no hay otra salida que ser más competitivos”, advirtió.
En ese sentido, aseguró que hay estimaciones que señalan que en los últimos años el país mediterráneo ha reducido su competitividad respecto a Alemania en hasta un 25%.
Strauss-Kahn manifestó que “nadie puede culpar a ningún otro país” por lo sucedido en Grecia, aunque aseguró que en el seno de la Eurozona los países están estrechamente conectados. “Alemania sólo será feliz, si Grecia también lo es”, indicó.
Sobre la posibilidad de que Grecia recurra a la ayuda del FMI, Strauss-Kah manifestó que la institución que dirige está lista para ayudar a un Estado miembro que solicite ayuda, aunque expresó su deseo de que no se dé el caso.
Respecto a la tendencia de endeudamiento de otros países de la Eurozona, el economista francés opinó que el camino para salir del endeudamiento llevará a la mayoría de los países a una reforma del sistema sanitario o de pensiones.
Sin embargo, negó que la época del Estado del bienestar haya llegado a su fin, aunque sí advirtió que “los Estados no pueden ser ciegos”. En ese contexto, recordó que en el futuro muchas naciones tendrán que luchar con el “problema de una sociedad en envejecimiento”, anexando que estas reformas “no significan automáticamente un recorte de las pensiones”.