Dado el entorno económico que vivimos en nuestro país, pudiésemos estar tentados en algún momento a tomar la decisión de formar nuestra propia empresa. Influenciados quizás por relatos de empresarios exitosos que dejaron sus puestos de trabajo repentinamente, arriesgaron todo su capital y en poco tiempo lograron amasar una fortuna; pensamos inocentemente que nosotros encajamos en esa ilusión.
La percepción de no tener un jefe que nos dé ordenes y tareas todos los días pudiese también ser un factor que dicte nuestra decisión de "ser nuestro propio jefe". La realidad es que por cada persona que logra crear una empresa exitosa, otras noventa y nueve solo se llevan a la casa deudas y dolores de cabeza.
En nuestro país la historia no es diferente. Solo hace falta recorrer la ciudad periódicamente y darnos cuenta de como locales son remodelados, nuevas empresas se instalan, los clientes abundan los primeros meses, pero luego como por arte de magia, estos empiezan a escasear, la empresa entra en una etapa de crisis y en poco tiempo muere. Pero, ¿qué podemos hacer de diferente? ¿cómo podemos evitar los errores que cometen esas 99 de cada 100 personas?
El primer paso es autoevaluarse. Claro que una vez tomada la decisión de formar nuestra empresa, hay una lista importante de pasos a seguir, sin embargo, aun más importante es comprender la razón de nuestra decisión y reconocer si nuestras expectativas son reales.
¿Seré millonario en solo unos meses? En la mayoría de los casos no. El desarrollo natural de las empresas, desde su formación hasta que recuperamos nuestra inversión toma años. En muchos casos, y dependiendo se la situación macroeconómica en que vivimos, el período puede ser de entre 5 y 15 años. Es importante analizar este factor antes de tomar cualquiera decisión, ya que no hay nada peor que pensar que nuestra nueva empresa nos brindará beneficios económicos abundantes inmediatamente, liberándonos de posibles deudas que podamos tener en el momento.
¿Seré independiente?, ¿podré tomar mis propias decisiones? Si y nó. El no tener un jefe inmediato significa que tenemos que ser buenos planificadores y auto-disciplinarnos. Las decisiones que tomemos no deben ser emocionales, deben ser calculadas y evaluadas de acuerdo a nuestro plan de negocios. Quizás lo que menos llegamos a comprender es que una vez que nuestra empresa adquiere su primer cliente, éste se vuelve nuestro jefe inmediato.
¿Debo arriesgarlo todo? No. En términos relativos, crear una empresa propia es de mucho más riesgo que invertirla sabiamente en la bolsa de valores(decimos sabiamente ya que existen muchas empresas sólidas con trayectoria que pudiesen ser una buena inversión a largo plazo). Por lo tanto, dos recomendaciones: Primero, tenga siempre un colchón que le permita vivir sin problemas un mínimo de un año, así si su empresa no llega a ser un éxito, esto le permitirá por lo menos un tiempo perentorio para buscar un nuevo trabajo (o tratar de lanzar otra empresa).
Segundo, trate de empezar temprano. Usted estará sujeto a cometer errores por lo que es mejor cometerlos rápido, aprender de ellos y aplicar sus conocimientos a un plan exitoso. Es natural que a medida que envejecemos nos volvemos apáticos a tomar riesgos, tenemos más compromisos (familia) por lo que no es la etapa más conveniente para lanzarnos a ser empresarios (aunque hay excepciones).
Las fantasía de empresarios que se convierten en millonarios de la noche a la mañana son precisamente eso, fantasías. Igual que cuando de pequeños pensábamos lo que sería ser un cantante famoso de rock, o un jugador de fútbol profesional. En la realidad empresarial del mundo competitivo de hoy, el empresario exitoso será aquel que se conozca a sí mismo, esté claro en las expectativas de su negocio, y sepa planificarse adecuadamente.
El autor es empresario y gerente