Todo empresario con empleados debiera poner buena cara a las lluvias. Porque en un día lluvioso, como los de temporada, los hombres permanecen -- en promedio" 30 minutos más en su trabajo.
Normalmente laboran 7.6 horas.
Y en esos mismos días, aproximadamente el 20% de las personas empleadas efectúa parte o todo su trabajo en casa. Esto representa ??" también en promedio??"2.8 horas por día.
Lo anterior, válido al menos para los Estados Unidos, se conoce hoy gracias al "Sondeo sobre el uso del tiempo" (American Time Use Survey ??"ATUS--), un estudio anual sobre cómo, dónde y con quién los estadounidenses usan su tiempo.
Lo realiza la Oficina de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics ??"BLS--) del Departamento de Trabajo.
El sondeo, desde sus inicios en el 2003, le da seguimiento a prácticamente todo, desde el trabajo pagado y cuidados a los miembros de la familia, hasta cocinar la cena y dormir.
Así, por ejemplo, se sabe que el primer hijo recibe de sus padres, cada día, entre 20 y 30 minutos más de "tiempo de calidad" que el segundo hijo.
Pero un grupo de investigadores agregó hace dos años un cambio novedoso al citado sondeo y, en lugar de solo preguntar a la gente sobre el curso del día ??"como los encuestadores generales lo han venido haciendo desde los años 60-- decidieron también preguntar a los ciudadanos cómo se sienten durante cada actividad. ¿Estaban felices, cansados, estresados?
Discrepancia de sexos.
- Con ello se empezó a conocer que los hombres y las mujeres dan respuestas similares sobre lo que les gusta (irse de rumba con los amigos) y disgusta hacer (pagar cuentas).
Pero también hay muchas otras actividades que producen diferentes reacciones de los sexos, especialmente en un caso: los hombres disfrutan estar con sus padres, mientras las mujeres consideran que el tiempo que pasan con papá y mamá es menos placentero que lavar ropa.
Alan B. Krueger, profesor de Economía y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton, en compañía de cuatro sicólogos del equipo de ATUS, estudiaron y dan una explicación a la diferencia: para una mujer, el tiempo pasado con sus padres con frecuencia se parece a una jornada laboral, sea ayudándoles a pagar las cuentas o a planear la reunión familiar.
Para los varones, en cambio, todo consiste en sentarse en el sofá y ponerse a ver el partido de fútbol o béisbol, al lado de su padre.
El ejemplo es parte de una larga historia que amplía una brecha de felicidad, o infelicidad, entre el hombre y la mujer.
Pero lo descubierto por ATUS ha servido para revivir un mundial y prolongado debate sobre el Producto Interno Bruto (PIB), lo que esa estadística representa y su "incompetencia" para medir el bienestar de una sociedad.
75 años de vida.
- El PIB mide el valor de bienes y servicios producidos por trabajo y propiedad localizada en un determinado país.
Tiene 75 años de existencia. Fue creado en Estados Unidos durante la Depresión y el gobierno de Franklin D. Roosevelt. Posteriormente otros países lo adoptaron.
Hasta mediados de los años 90, en el siglo pasado, la medida utilizada era el Producto Nacional Bruto (PNB), cifra un poco mayor que incluye el ingreso del exterior, por lo que cálculo es retardado debido en parte a la dificultad de obtener los datos en el extranjero.
Durante mucho tiempo, sin embargo, gobernantes y analistas han estado buscando cómo mejorar la estadística a fin de que no solamente mida producción de carne, inmuebles, carros, energía, etc., sino que también la esperanza de vida al nacer, crecimiento educativo, el bienestar y la satisfacción ciudadana.
En estos días también se menciona como ejemplo el caso de Estados Unidos, donde el PIB creció de abril a junio en un 3.3%, pese a que la estadística estaría hundida si reflejara realmente lo que sucede en la economía y lo que está viviendo la mayoría de sus habitantes.
Stiglitz ayuda a Sarkozy.
- Pero también en Francia se cuestiona el PIB. De hecho, Joseph Stiglitz, el premio Nobel en Economía que recién visitó Panamá y concedió una breve entrevista al Panamá América, es vicepresidente de una comisión recién instaurada por el presidente Nicolas Sarkozy, quien le asignó el reto de descubrir una mejor medida para su país.
El objetivo de Sarkozy es lograr una estadística que muestre la "calidad de vida" y no el valor de los bienes y servicios producidos.
Enrico Giovannini, jefe de estadísticos de la Organización para el Desarrollo y Cooperación Económica (OCDE) ha dicho al diario The New York Times que "hay numerosos intentos en estos días para medir la felicidad y calidad de vida". Con ese fin, los expertos procuran crear e incorporar nuevos vectores a los componentes del PIB o un nuevo factor que lo complemente. Por ello es que el Sondeo sobre el uso del tiempo (ATUS) ha venido a cuento.
Porque mediciones sobre el valor de trabajos no pagados, como la crianza de los hijos, el cuidado de las madres hacia los niños, y muchos otros rubros más conformarían un capítulo clave de lo que produce la industria de la maternidad y paternidad.
Fortalecería el PIB.
- El ATUS aportaría el nuevo material estadístico que le agregarían al PIB. Por ejemplo, si la Oficina de Estadísticas Laborales le pregunta a 14 mil personas cómo utiliza cada hora de un día, de allí se sabrá el tiempo que toma una madre para cuidar a sus hijos. Si se le asigna un valor en dólares al tiempo tabulado por esa tarea, ese valor se puede sumar a los demás valores que suma el PIB. Pero el debate ofrece muchas más aristas importantes. Los economistas miden el PIB per cápita, que es simplemente el PIB dividido entre el total de la población. Pero resulta obvio que esta estadística tampoco mide correctamente el bienestar (¿o el malestar?) de nadie. Esto pese a que en los modelos económicos tradicionales se asume que el principal determinante individual del bienestar es el PIB.
Pero bueno, ahora que los economistas estaban coqueteando con el ATUS y las posibilidades de usar su potencial para elevar el valor real de medición del PIB, han descubierto con asombro que la propuesta de presupuesto anual del gobierno para el año entrante no contempla el costo del ATUS: $6 millones.