Economía

Tecnología social y reforma

Para la mayoría de los especialistas, la innovación científica y tecnológica constituye un paso fundamental para el desarrollo. Sin embargo, para Eric Beinhocker, economista y autor de


Omar Zambrano / PANAMA AMERICA
  • Omar Zambrano
  • Analista-Centro Nacional de Competitividad

Para la mayoría de los especialistas, la innovación científica y tecnológica constituye un paso fundamental para el desarrollo. Sin embargo, para Eric Beinhocker, economista y autor de la obra “Los orígenes de la riqueza” (2006), un elemento que precede esta capacidad es poder contar con adecuadas tecnologías sociales, las cuales consisten en diseñar métodos y estructuras que permitan a los miembros y grupos de una sociedad interactuar para propósitos comunes.

Para el autor, esta capacidad de interacción social se empezó a desarrollar a partir del momento mismo en que las sociedades pasaron de un estado nómada a uno sedentario.

La esencia del progreso consistió, desde ese momento, en que esas agrupaciones humanas desarrollaran habilidades para acrecentar su riqueza, lo que implicaba por supuesto definir cómo se iban a generar y a distribuir dichos patrimonios.

Eventualmente, estas comunidades organizadas pasan a constituir lo que la historia moderna define como naciones estado, algunas de las cuales replicaron y mejoraron esos esquemas de cooperación y consenso, y gracias a ello hoy constituyen sociedades más prósperas.

El hecho es que en un mundo moderno hay naturalmente divergencias de intereses; pero también espacios para el acuerdo y la cooperación. Precisamente las tecnologías sociales se centran en montar estos esquemas de tipo ganar-ganar.

Abundan ejemplos simples de la importancia de facilitar acuerdos para lograr mayores niveles de bienestar y estabilidad en la relación de dos o más partes. Esto no incluye solamente naciones. Quizá un ejemplo más simple sea los costos y pérdidas que derivan de las desavenencias entre parejas por su incapacidad de llegar a acuerdos oportunos y razonables, o entre socios.

Abundan ejemplo de empresas que teniendo grandes oportunidades se han ido a la quiebra por desavenencias y desacuerdos entre sus socios.

Visto así, entonces la prioridad de los países en vías de desarrollo consistiría más en reforzar las condiciones básicas que facilitarían estas vías de negociación y acuerdo, que en instrumentar sofisticados y ambiciosos programas de gobierno que supuestamente orientarían a sus economías hacia objetivos altruistas como el fortalecimiento del agro, la industria o los servicios o la tecnología.

Se requeriría desarrollar mecanismos institucionales de amplia y plural participación para generar una cultura de acuerdos y consensos con participación de diversos sectores, lo cual reduciría los efectos nocivos (ruidos) que derivan de la incapacidad de una sociedad para dirimir armónicamente sus diferencias y conflictos de interés.

En segundo lugar, se precisan adecuados mecanismos para que dichos acuerdos sean amparados institucionalmente y que su cumplimento esté garantizado. Es a través de este sistema de pesos y contrapesos democráticos que se establece un balance entre estabilidad política y los necesarios cambios, pero dentro de un marco evolutivo que le permita a un país y su economía adaptarse con menos trauma al cambiante proceso de la modernización económica. Al mismo tiempo, en un país más avanzado, como Panamá, mantener la acción para consolidar sus notables fuentes de crecimiento y de exportaciones de servicios y bienes, mediante buena información, capacitación, infraestructura adecuada, servicios públicos eficientes y transparentes, combate a la pobreza mediante la inclusión y gobernabilidad.

Desde un punto de vista de políticas públicas, todo lo anterior se traduce en la prioridad que constituye reforzar un sistema que se base en el Estado de Derecho consagrando el respeto a la propiedad, basado en una economía que funcione bajo una auténtica libertad de mercado, con la ausencia de corrupción y total separación e independencia de los tres poderes del Estado.

Es solo a través de este esquema que se reduce la incertidumbre y los costos de transacción que derivan de los desacuerdos, lo que requiere cambiar los actuales esquemas que promueven --quizá con justa razón-- la desconfianza de los individuos y grupos entre sí, todo lo cual impide lograr situaciones ganar-ganar y sume, en ocasiones, a nuestra sociedad en la incertidumbre.


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853424
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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