La crisis económica, los incendios forestales y, sobre todo los atentados del 11 de septiembre, se han convertido en los mayores enemigos de los parques nacionales de EEUU, paraísos naturales que han visto mermada la afluencia de turistas.
Mientras que la magnitud de la belleza de parajes como el Gran Cañón, Yosemite o los bosques de secuoyas gigantes de California se ha mantenido a la vista del hombre durante siglos, cada vez son menos los que se acercan a visitar estas maravillas de la naturaleza en un año marcado por numerosas tragedias. Los parques situados en el Oeste de Estados Unidos, entre ellos los desiertos de Arizona, el Valle de la Muerte, donde se han rodado tantos clásicos del cine del oeste y el de Yellowstone, recordado por los dibujos animados del Oso Yogui, han sido los más afectados por una crisis que se ha cebado en el turismo internacional.
Es un problema que se traduce en cifras, al hablar de una caída del 10 por ciento en un mercado como el del turismo internacional, que aporta unos 100,000 millones de dólares anuales al país. Se trata de una crisis que se había previsto desde los trágicos sucesos del 11 de septiembre, dadas sus consecuencias en el tráfico aéreo internacional y en el clima turístico del país.
La llegada del verano no ha hecho más que confirmar los temores, y lugares como el Gran Cañón, siempre con el cartel de "no hay vacantes" en sus hoteles reservados con gran antelación, ahora sorprenden a los turistas de última hora con una habitación.
La situación que se ve ahora con el área de leche condensada es porque, según Navarro, la empresa les resulta más barato el procesamiento del producto leche, como la mano de obra de países como Brasil y Chile que la de Panamá.