En el 2002 los presidentes de las naciones centroamericanas tomaron la decisión de acelerar el proceso de constitución de una unión aduanera aprobando el Marco General para la Negociación de la Unión Aduanera en Centroamérica.
Esto significa establecer un solo territorio aduanero con un arancel externo común para los productos importados de países externos a la unión, la libre circulación de bienes independientemente de su origen, y el acompañamiento de un mecanismo eficiente para recaudar y distribuir los ingresos tributarios (aranceles, impuestos sobre ventas e impuestos selectivos).
La unión aduanera debe concebirse de manera gradual, contemplando como una etapa intermedia la constitución de una zona de libre circulación de mercancías , originarias o no de Centroamérica, y dejando para más adelante la conformación de un arancel externo efectivamente común.
Establecer una zona de libre circulación de mercancías requiere avanzar en dos aspectos.
Primero, se debe garantizar una efectiva circulación de los bienes originarios y no originarios, evitando que se cobren impuestos en las fronteras, lo cual no excluye el monitoreo y control relacionado con la seguridad, migración o la salud.
Segundo, se deben establecer los mecanismos para una efectiva recaudación y distribución de los aranceles e impuestos aplicados a las mercancías que estarían circulando libremente dentro de Centroamérica.
En círculos técnicos y oficiales centroamericanos se ha sugerido que ya no se cobren los impuestos en los puestos fronterizos que separan a los países, considerando el ejemplo de que el 95% del comercio entre El Salvador y Guatemala se procesa electrónicamente, con administraciones tributarias interconectadas, y se paga mediante un formulario común.
Esta experiencia ha inspirado propuestas más amplias que incluirían el uso de una factura centroamericana única, electrónica, que le sirviera tanto al importador como al exportador de mercancías que se estarían transfiriendo dentro de Centroamérica, y que permitiría pagar los impuestos en lugares no fronterizos.
Además, habría arreglos para que los impuestos relacionados con las importaciones originadas fuera de la región se pagaran previamente a la administración de destino de los bienes, o que se trasladaran inmediatamente a ésta en el momento que fueran pagados.
Al lograr la libre circulación de mercancías, Centroamérica estaría transmitiéndole al mundo una señal clara de integración, con un mercado unificado y atractivo para inversionistas pequeños y grandes de la región y de otros países.
Panamá deberá analizar la conveniencia de participar en este proceso a la luz de su cercanía y de su relación política, económica y social con Centroamérica.