La película oficial del Mundial de Brasil 1950 nos muestra más de una vez, a un narrador alto, de gafas, que cumple su tarea descriptiva al borde mismo del terreno del Estadio "Maracaná", y con un micrófono de inusual tamaño. Se trata de Ary Evangelista de Resende Barroso, nacido en Ubá, Minas Gerais, el 7 de noviembre de 1903. Aún circulan las grabaciones de su relato de la memorable final del 16 de julio, en el estadio más grande del mundo.
Se recuerda su grito potente, agudo, interminable, con el eco de 200.000 voces formando un coro único, cuando el gol de Albino Friaça Cardoso, a los tres minutos del segundo tiempo, colocó a Brasil en la ruta del título mundial. Y se evoca también su apenas audible monosílabo "gol" al registrarse los goles uruguayos de Juan Alberto Schiaffino a los 67, y Alcides Edgardo Ghiggia a los 82 minutos.
Cuentan que después del "Maracanazo", ya no quiso volver a relatar fútbol. Falleció en Rio de Janeiro, el 9 de febrero de 1964.
Ary Barroso, apasionado narrador, fanático del Flamengo, fue también compositor musical, creador de varias páginas sonoras que alcanzaron sostenido éxito, entre ellas "No Tabuleiro da Baiana", "Na Baixa do Sapateiro", "É Luxo Só", y, por sobre todas, "Aquarela do Brasil". Su innovador estilo musical, presente en todas sus obras, es patrimonio vivo en la identidad cultural de su gran país.
Como fundador y presidente da SBACEM (Sociedade Brasileira de Autores, Compositores e Editores de Música), también intentó poner en circulación el "Sello del Disco Extranjero", rechazado por ser considerado inconstitucional, que retendría el 20% del precio de cada disco. De ese valor, un cuarto seria usado en la premiación de las mejores grabaciones de músicas nacionales.
Luchó permanentemente por el reconocimiento de sus colegas del pentagrama, y el derecho de autor de los creadores, en la firma de las canciones. Entre otras varias actividades, la radiodifusión le tuvo como cultor, y como propulsor de nombres nuevos que luego alcanzarían notoriedad en la música brasileña, entre ellos Luís Gonzaga y Altamiro Carrilho, impulsados generosamente por él.
Cuando en julio de 1989 llegué al "Maracaná" a transmitir para Panamá la XXVII Copa América, me sentí profundamente emocionado, al saber que el Centro de Prensa de ese coloso de cemento, que es el "Maracaná", lleva ahora su nombre: Ary Barroso.