Economía

Un lugar donde a Tom Hanks le gustaría naufragar


Si alguien tuviera un naufragio en estas costas parecido al de la última película de Tom Hanks, no creo que el accidentado desearía volver a su lugar de origen, porque gozar de una variedad de productos alimenticios, de un clima tropical y tener además los recursos naturales a la mano, no es algo que se consigue fácilmente en estos tiempos.
Usted jamás imaginaría que este pequeño oasis al que nos referimos se encuentra en la provincia de Colón. Tal vez porque, la mala propaganda de esta zona costeña no permite que se le asocie con la idea de un paraíso terrenal.
Pero es este podría ser el próximo destino turístico, si lo que buscan es poner en práctica el turismo de aventuras.
Luego de pasar cerca de dos horas en carretera para llegar a Portobelo, la dirección a Playa Chiquita en la región de Cuango es simple. Se sigue el sendero de la carretera costa arriba hasta llegar al poblado de Miramar que toma más o menos 50 minutos, para luego tomar una pequeña lancha que tardará unos 20 minutos en llegar.
Existe la alternativa de ir por carretera en verano, que es cuando se seca el río que desemboca en la playa, ya que los vientos que vienen del norte no son muy amigables para viajar por mar.
Los lugareños aseguran que, después del poblado de Cuango, sus comunidades se pierden del mapa, (Playa Chiquita, Palmira y Santa Isabel), pero la claridad de su playas ha cautivado a un par de inversionistas que desean sacarle provecho al potencial del lugar.
Sonia Sandoval, una pequeña empresaria que llegó a la región hace cuatro años proyecta dentro de unos seis meses empezar lo que sería Chiquitas Bay Resort; una pequeña posada con unas 6 habitaciones tipo cabaña que serían una de las primeras alternativas de hospedaje en el sector.
Esta proyecto mantendría una atención personalizada y con una inversión de 30,000 dólares para empezar, pero existen otros planes más grande como el de Pedro Vallarino e Iván De la Guardia en Santa Isabel y Nombre de Dios, respectivamente, con inversiones que superan los 300,000 dólares en su primera fase.
Sandoval explica que el área es privilegiada y es ahora que recién empiezan a trabajar en la infraestructura; sin embargo, no buscan hacer un turismo sofisticado, sino orientado a la naturaleza , como caminatas por los senderos de la montaña y observar, por ejemplo, a los delfines que pasan por esta agua, cumpliendo el ciclo migratorio en agosto.
Otro atractivo es su cercanía con el archipiélago de San Blas, ya que a sólo una hora se puede llegar en lancha a las islas.
Sandoval manifestó que, en su caso, el negocio estará orientado a ofrecer además prácticas de buceo, terapias de relajamiento y masajes, pero asegura que el lugar le da la opción al turista de hacer lo que quiera.
La comida con sabor caribeño es otro fuerte en la zona. El arroz con coco, mariscos como el pulpo o la langosta, el enyucado (dulce a base de yuca y coco), o los patacones, son los platos que caracterizan el arte culinario de estos costeños.
Pero no todo es como un cuento de hadas, porque allí parece que se ignora la titulación de las tierras y todos habitan la zona bajo la figura de derecho posesorio, lo que dificulta el financiamiento de los bancos a los inversionistas.
El consuelo es que mientras se desarrollen los resort no habrá a quien le niegue un pequeño espacio para acampar y un plato de comida bien barato, en honor a la búsqueda de aventuras.


fecha edicion
old id
10568
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América