Para llegar a ser diplomático de Holanda y tener en poder una vocería sobre un país o región a la que se representa, en este caso, Holanda y tras de sí a la Unión Europea, Matthijs Van Bonzel necesitó estudiar para especializarse en el arte de la diplomacia, además es jurista dedicado a temas económicos, y según cuenta, su trabajo no tiene más relación con otras actividades y nunca la ha tenido, sólo el servir a su Estado como funcionario.
De esta forma, siendo imparcial y altamente capacitado es que se eligen a los diplomáticos en Holanda, una nación que es utilizada de referente en el mundo, por lo que en la década del 80, cuando los países europeos hablaban de unificar su continente en temas económicos, migratorios y demás, acudieron a la asesoría de los holandeses, además de otros países.
En esos años, Van Bonzel estaba sobre sus 30 años y apostaba su futuro a la carrera pública, ya era parte del cuerpo diplomático con influencia en Centroamérica, pero fue llamado por su Gobierno para entrar en el grupo que negoció los pilares de unificación de la Unión Europea.
“En esos años armamos un fuerte grupo de trabajo para hacer el Tratado de Maastricht, que ayudó a la Unión Europea, en total vimos como 100 leyes que había que unificar y lo logramos”, reiteró el actual embajador extraordinario y plenipotenciario de Holanda en Costa Rica, El Salvador, Honduras y Panamá.
Con esta experiencia, Van Bonzel cree y está seguro de que la unificación de los países para que compartan mercados, beneficios entre grupos de inmigrantes y otros, es posible, e incluso es extrapolable a regiones como Centroamérica.
“En esos años, muchas empresas tradicionales pensaban que no tenían un gran mercado, en realidad, en todo Europa son 500 millones de personas, Estados Unidos tiene un equivalente menor, pero es así, entonces las compañías europeas querían crecer”, agregó el alto funcionario holandés.
Para Centroamérica, el funcionario ve replicable el escenario europeo, e incluso en temas como la seguridad se encuentran soluciones. Así, desglosó, que “los que se dedican a comercios ilegales no van a pasar sus cosas por los puestos fronterizos de los gobiernos, sino por los caminitos de montaña o por mar o aire, entonces, sí logras abrir las fronteras, ellos no sabrán donde está la seguridad”.
De esta forma, la seguridad se daría dentro de cada país, en forma sorpresiva se detendrían vehículos sospechosos y se haría la revisión en forma aleatoria, pero organizada.
Otro de los temas regulados en Europa y que apoyó su unificación fue el conversar y llegar a acuerdos entre los países sobre el movimiento migratorio que podía darse entre ellos.
“Lo resumimos en tres tipos de leyes: si son estudiantes, puedes ir de un país al otro a estudiar, usualmente en forma gratuita porque es un tipo de intercambio; si son trabajadores se les regula su estatus, el seguro, los impuestos que deben pagar entre otros; y sí no son ninguna de las dos últimas, en el caso de Holanda, tienes un período de tres meses para buscar insertarte al mercado y aportar al país, si no te tienes que ir”, detalló el diplomático.
Esta libre convivencia entre los países permite que naciones donde hay más mano de obra se posicionen las fábricas, en otras ensamblen con ingeniería eficiente y en naciones como Holanda el negocio sea la movilización de las mercancías con los puertos y demás.
“Algo así podría darse en Centroamérica: Guatemala y El Salvador producen; Costa Rica ensambla, y Panamá distribuye la mercancía por su infraestructura”, cerró Van Bonzel.
En la región de Centroamérica existe un mercado que, de estar unido, representaría cerca de 41 millones de personas.