Un día de tensión, divisiones y carreras en el Parlamento griego
Los pasillos de mármol del Parlamento griego -adornados con los bustos de Pericles, el padre de la democracia ateniense- fueron hoy escenario de una jornada más propia de las antiguas tragedias helenas que de la política moderna.
El nerviosismo quedaba patente en el caminar apresurado y las caras largas de los diputados, especialmente en los del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) del primer ministro Yorgos Papandréu, un partido que vivió desde por la mañana una verdadera insurrección, al anunciar varias diputadas que retirarían su apoyo al gobierno.
En ese clima se inició el consejo de ministros extraordinario en la sala del Parlamento reservada al Ejecutivo, durante el que Papandréu recibió una carta firmada por un centenar de parlamentarios -de los 151 con que cuenta oficialmente el PASOK- exigiéndole "tomar la iniciativa" para la formación de un gobierno de unidad nacional.
Mientras tanto, en los pasillos, cada información desmentía a la siguiente, bien por desorganización política, bien como verdadera muestra de las divisiones dentro de los mismos partidos mayoritarios.
Por ejemplo, la diputada socialista Sofía Yannaka, antes de que el líder de su formación política hiciera pública ninguna decisión, se mostraba a la vez partidaria de "crear un gobierno de unidad nacional" y de "respetar las decisiones del primer ministro", algo que en esos momentos, con un Papandréu al borde de caer del ejecutivo, parecía completamente contradictorio.
Por otro lado, la ministra de Educación, Anna Diamantopulu, dijo que el gobierno de Papandréu "pasará a la historia gracias a sus esfuerzos por salvar el país" y lo comparó con los de Jarilaos Trikupis y Eleftherios Venizelos, dos afamados líderes griegos que en el pasado tuvieron que lidiar con situaciones críticas y modernizaron el país.
Aunque, desde otro punto de vista, también fueron dos gobernantes cuyas arriesgadas acciones llevaron a Grecia al desastre financiero.
De ahí que el ministro de la Protección del Ciudadano (antiguo Orden Público), Christos Paputsis, tuviese que llamar al orden a sus correligionarios y amenazó con que él "jamás" apoyaría un gobierno producto de escisiones.
"(Papandréu) es un primer ministro que ha perdido todos sus apoyos y que hace todo lo que puede por mantenerse en el gobierno", explicaba a Efe el diputado de Nueva Democracia (ND) Evángelos Antonaros.
Pero tampoco andaban mejor los conservadores, después de que hoy su líder, Antonis Samarás, diese marcha atrás a su política de oposición al nuevo plan de rescate europeo y ofreciese un apoyo condicionado al gobierno.
Mientras un diputado que exigió el anonimato aseguraba a Efe que en su partido no había fisuras y que todo el grupo seguía "la línea marcada por Samarás", otro espetaba: "A este gobierno no le votamos nada".
Sólo ofreció la posibilidad de apoyar el paquete si el gobierno se comprometía a convocar nuevas elecciones, una posición que posteriormente certificó el propio Samarás, en un nuevo aparente cambio de rumbo.
Los corrillos y las carreras por el edificio del Vulí, el Parlamento griego, no se detuvieron hasta que Papandréu, terminado el largo consejo de ministros, se dirigió a su grupo parlamentario.
Entonces se hizo el silencio y todos -diputados y periodistas- ocuparon su lugar, bien entre los escaños, bien delante de cualquier pantalla que ofreciese en directo la intervención del jefe del gobierno.
La aparición pública de Papandréu -aunque no hizo ninguna referencia directa a la cancelación del referéndum, cosa que sí hizo su ministro de Finanzas, Evángelos Venizelos- relajó el semblante de los diputados socialistas, a algunos de los cuales se podía ver después en la cafetería del Parlamento chocando manos y sonriendo.
Pero durante la intervención ante su grupo no todos los parlamentarios acompañaron con los aplausos de rigor el discurso de Papandréu -tampoco todos lo hicieron con Venizelos- lo que da muestra de que, a pesar de que las espadas se han envainado, continúa habiendo fisuras dentro del PASOK.
El nerviosismo quedaba patente en el caminar apresurado y las caras largas de los diputados, especialmente en los del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) del primer ministro Yorgos Papandréu, un partido que vivió desde por la mañana una verdadera insurrección, al anunciar varias diputadas que retirarían su apoyo al gobierno.
En ese clima se inició el consejo de ministros extraordinario en la sala del Parlamento reservada al Ejecutivo, durante el que Papandréu recibió una carta firmada por un centenar de parlamentarios -de los 151 con que cuenta oficialmente el PASOK- exigiéndole "tomar la iniciativa" para la formación de un gobierno de unidad nacional.
Mientras tanto, en los pasillos, cada información desmentía a la siguiente, bien por desorganización política, bien como verdadera muestra de las divisiones dentro de los mismos partidos mayoritarios.
Por ejemplo, la diputada socialista Sofía Yannaka, antes de que el líder de su formación política hiciera pública ninguna decisión, se mostraba a la vez partidaria de "crear un gobierno de unidad nacional" y de "respetar las decisiones del primer ministro", algo que en esos momentos, con un Papandréu al borde de caer del ejecutivo, parecía completamente contradictorio.
Por otro lado, la ministra de Educación, Anna Diamantopulu, dijo que el gobierno de Papandréu "pasará a la historia gracias a sus esfuerzos por salvar el país" y lo comparó con los de Jarilaos Trikupis y Eleftherios Venizelos, dos afamados líderes griegos que en el pasado tuvieron que lidiar con situaciones críticas y modernizaron el país.
Aunque, desde otro punto de vista, también fueron dos gobernantes cuyas arriesgadas acciones llevaron a Grecia al desastre financiero.
De ahí que el ministro de la Protección del Ciudadano (antiguo Orden Público), Christos Paputsis, tuviese que llamar al orden a sus correligionarios y amenazó con que él "jamás" apoyaría un gobierno producto de escisiones.
"(Papandréu) es un primer ministro que ha perdido todos sus apoyos y que hace todo lo que puede por mantenerse en el gobierno", explicaba a Efe el diputado de Nueva Democracia (ND) Evángelos Antonaros.
Pero tampoco andaban mejor los conservadores, después de que hoy su líder, Antonis Samarás, diese marcha atrás a su política de oposición al nuevo plan de rescate europeo y ofreciese un apoyo condicionado al gobierno.
Mientras un diputado que exigió el anonimato aseguraba a Efe que en su partido no había fisuras y que todo el grupo seguía "la línea marcada por Samarás", otro espetaba: "A este gobierno no le votamos nada".
Sólo ofreció la posibilidad de apoyar el paquete si el gobierno se comprometía a convocar nuevas elecciones, una posición que posteriormente certificó el propio Samarás, en un nuevo aparente cambio de rumbo.
Los corrillos y las carreras por el edificio del Vulí, el Parlamento griego, no se detuvieron hasta que Papandréu, terminado el largo consejo de ministros, se dirigió a su grupo parlamentario.
Entonces se hizo el silencio y todos -diputados y periodistas- ocuparon su lugar, bien entre los escaños, bien delante de cualquier pantalla que ofreciese en directo la intervención del jefe del gobierno.
La aparición pública de Papandréu -aunque no hizo ninguna referencia directa a la cancelación del referéndum, cosa que sí hizo su ministro de Finanzas, Evángelos Venizelos- relajó el semblante de los diputados socialistas, a algunos de los cuales se podía ver después en la cafetería del Parlamento chocando manos y sonriendo.
Pero durante la intervención ante su grupo no todos los parlamentarios acompañaron con los aplausos de rigor el discurso de Papandréu -tampoco todos lo hicieron con Venizelos- lo que da muestra de que, a pesar de que las espadas se han envainado, continúa habiendo fisuras dentro del PASOK.