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El Pulso de Panamá
El Pulso de Panamá – 10 de junio de 2015
Nuevamente, el actuar de un fiscal deja al descubierto lo que algunos sectores de la sociedad han venido diciendo desde hace meses, en el sentido de que algunos fiscales están actuando por presiones y otras razones alejadas a derecho, al ordenar medidas cautelares extremas dentro de los diversos procesos que se llevan a cabo en las distintas fiscalías anticorrupción del país.
Hasta ahora, este actuar extremo solo había afectado a personas señaladas como allegadas al expresidente Ricardo Martinelli. Sin embargo, ayer, este mal actuar tocó la puerta de miembros de una familia opositora al exmandatario, cuyo patriarca es seguido por sectores de la sociedad que expresan casi a diario su odio hacia todo lo relacionado con el exgobernante.
Pablo Andrés Ruiz Obregón, esposo de Vanessa Romero Eisenmann, nieta de Roberto Eisenmann, a quien se le investiga por supuestos actos indebidos en la entrega de mochilas del Programa de Ayuda Nacional (PAN), hasta la fecha había demostrado tener muchas razones para no abandonar el país, incluyendo el tener esposa e hijos panameños en una familia con sólidas raíces en nuestro suelo patrio.
No obstante esto, la fiscalía, en un acto que pocos se esperaban, ordenó la detención preventiva de Pablo Ruiz Obregón, a pesar de que existen en la ley otras medidas permitidas menos severas que igual hubieran logrado los fines de investigación de la fiscalía sin perjudicar a terceros.
Con esta forma de actuar, ¿cómo las personas no van a tener temor de asistir al Ministerio Público cuando son llamadas a declarar, si la detención preventiva se está utilizando a la ligera y sin un criterio jurídico claro, y no como excepción y en última instancia, como dictamina la ley?
Luego del derecho a la vida, la libertad es uno de los derechos que más debe proteger y respetar el Estado, y en el ámbito de un proceso legal, el derecho al debido proceso y a una debida defensa también debe ser garantizado por el Estado. Pero ante una detención preventiva antojadiza e ilegal, ambos derechos son violados y se debilita la democracia.
Además de limitar de forma importante el tiempo que la persona tiene para reunirse con su abogado para preparar su defensa, el efecto que tiene la reclusión en la psiquis y en la salud de la persona es afectar severamente su capacidad personal para enfrentar a sus acusadores. Y esto se debe analizar desde la óptica de un país que tiene grandes deficiencias en su sistema judicial y en sus cárceles, que son más antros del crimen que centros de rehabilitación.
Es importante señalar que estamos hablando del momento procesal en el que una fiscalía apenas inicia una investigación y no de cuando un juez considera que ya existen suficientes pruebas para que el caso vaya a un juicio. Nos estamos refiriendo exclusivamente a las etapas de investigación en que se encuentran los procesos actuales, en las que aún no se ha probado la culpabilidad de nadie.
Hemos escuchado a muchas voces decir que a las personas de cuello blanco que están desfilando en el Ministerio Público se les debe dar el mismo tratamiento que a los hijos de la cocinera, quienes van directo y sin escala a una cárcel por meses y, en muchos casos, hasta por años sin siquiera haber sido debidamente investigados y menos hallados culpables.
Sin embargo, el grito que debe estar saliendo de todas nuestras gargantas no debe ser “¡traten a estos investigados de alto perfil igual que a los hijos de la cocinera!”. El grito desesperado debería ser “¡comencemos a tratar a los hijos de la cocinera igual como se trata a estos investigados de cuello blanco y respétenles a todos, a todos, las garantías y los derechos fundamentales a la libertad y a una defensa!”.
Caiga quien caiga, ¡sí! Pero caiga el que un gobierno de turno quiera únicamente, ¡no!
Defendamos el debido proceso, defendamos la libertad y defendamos el derecho a una debida defensa para todos por igual.
Mientras esto no ocurra, no habrá justicia en Panamá. Y seguirá vivo el dicho que reza: los carniceros de hoy serán las reses de mañana.