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El Pulso de Panamá – 21 de octubre de 2012

Erika Edith Quiñones (erika.quinones@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Superar la noticia no fue nada fácil para Juan David y su familia. Su refugio fue Dios, en Él encontraron la fortaleza para continuar con sus vidas.

“Yo me sentí tranquilo cuando ella murió porque yo sé que ella se iba a ir a cielo. Si ella se murió, es porque así Dios lo quiso. Yo lo entendí y me quedé tranquilo por eso”, expresó.

“Si yo le cuento algo, usted no me va a creer”, me dijo el joven. Detalló que un día estaba en la casa con su mamá y ella se desmayó, luego que despertó le contó que era como si se hubiera muerto, pero que ella le decía a Dios que tenía que rendir cuentas todavía, porque no había terminado el propósito que tenía en la Tierra y que Dios le dio otra oportunidad.

Eso también hizo que él se quedara más calmado luego del accidente, porque ya sabía lo que estaba pasando.

Tras una semana hospitalizado, Juan David se regresó con su abuela Modesta a la isla San Miguel, en el Pacífico, donde continuó estudios en la escuela José Irene Muñoz.

Llegó a tener problemas en la escuela, sus compañeros le decían “bien hecho, se murió tu mamá”, pero lo único que les contestaba era que debían darle gracias a Dios que tenían a sus mamás y las pueden ver, porque él no.

Después de lo sucedido se volvió rebelde. Josué contó que la abuela le decía que su hermano no hacía caso, salía de la casa sin decir adónde iba, llegaba en la noche, a la hora que fuese, y no daba explicaciones.

A pesar de todos los tropiezos, en la isla logró finalizar su noveno grado y su papá, Eulalio, se lo trajo para que continuara estudiando en la capital, pero no fue así.

Este año lo matricularon en el IPTC Torrijos Carter, pero decidieron sacarlo porque no estaba asistiendo a la escuela y lo piensan inscribir el próximo año.

Su hermano dice que parte de su rebeldía fue porque no tenía quien lo vigilara. Hasta el mismo Juan David reconoce que se portaba mal y hoy más que nunca se acuerda de lo que su padre siempre le decía: “las malas compañías corrompen las buenas costumbres”.

Actualmente asiste a la iglesia Jehová Sama, en Las Mañanitas, donde forma parte de la banda musical y también ayuda con la administración.

Le gusta la música, en la que encontró un refugio. Toca el bajo, un poco la guitarra y uno de los hermanos de la iglesia le va a enseñar próximamente a usar el piano.

Está enfocado en continuar los estudios el otro año y graduarse de electromecánico, porque eso es lo que hubiese querido su madre.

La familia Jiménez en todo este tiempo ha preferido mantenerse en el anonimato, sus miembros consideran que se ha dicho mucho de lo sucedido, se prometieron cosas que nunca llegaron y a la fecha no se ha hecho justicia.

Si el Gobierno decide dar una indemnización a las familias, será bienvenida, aunque el dinero no es lo que les importa, pero están cansados de tantas mentiras y de que nadie se haya hecho responsable, por lo que han preferido no ser protagonistas de los hechos.

Sin embargo, Josué comentó que conociendo como era su madre, una mujer dedicada a su esposo e hijos y de las que si tenía que decirte algo en la cara lo hacía, si ella viviera y él o una de sus hermanas fueran los que hubieran fallecido, estaría luchando, orándole mucho a Dios, buscando la manera de que se hiciera justicia.

Decidió dejar todo en manos del Creador. “Él sabrá cómo va a hacer las cosas”, señaló.

En estos seis años, la familia, si se ha reunido dos o tres veces para los 23 de octubre, es mucho, pero cuando lo han hecho se encuentren en la casa, en Altos de Samaria, donde solo vive su padre, y conversan sobre Noris, de lo “chévere” que era como persona, aunque quien no la conocía pensaba que era seria.

Han pensando hasta en vender la vivienda. Claro, si encuentran comprador, pero reconocen que guardan muchos recuerdos, uno de esos es que antes, para esta época, tenían un árbol que daba muchas naranjas, pero después de la muerte de Noris el palo se secó.

Eulalio rehizo su vida y hace un año se casó, aunque sus hijos aseguran que su padre para estos días aún suele tener la mirada distante y pensativa por la pérdida de Noris.

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