Once años han pasado desde que la actriz brasileña Fernanda Montenegro se convirtió en la primera latinoamericana en recibir una nominación al Óscar como mejor intérprete y, sin embargo, aún hoy asegura que no se considera una pionera sino que "se trata solo de fenómenos aislados".
La intérprete, que participa hoy en Curitiba (sur de Brasil) en el Festival de Paraná de Cine Brasileño y Latino, señaló en una entrevista con Efe y un diario brasileño que aún recuerda con cierta nostalgia aquel momento, a pesar de que fue Gwyneth Paltrow quien obtuvo el premio.
"Fue un momento muy bonito, aunque no existe obligación para que se repita el fenómeno, y además no tendría ni tiempo para vivir eso de nuevo", señaló la actriz, de casi 80 años y considerada como la primera dama de los escenarios brasileños.
Montenegro, cuyo verdadero nombre es Arlette Pinheiro Esteves da Silva, fue también galardonada en 1998 con el Oso de Plata del Festival de Berlín por su papel de Dora en "Estación Central de Brasil", de Walter Salles, que la lanzó a los titulares del mundo.
Aseguró no sentirse pionera de otras actrices latinoamericanas que después han logrado el reconocimiento de la Academia norteamericana como la colombiana Catalina Sandino o la mexicana Salma Hayek.
"La presencia latinoamericana en el cine de Estados Unidos siempre ha estado presente por causa de la cercanía con México, aunque siempre para papeles minoritarios como bandidos o prostitutas", dijo la veterana actriz.
"Eso no ha cambiado", aunque apuntó que no se trata de prejuicios sino del "reflejo de los latinos que viven allí, haciendo los trabajos que los locales no quieren hacer".
"Yo fui nominada porque la película era muy buena y fue muy bien recibida y, por casualidad, yo trabajaba en ella", afirmó, al tiempo de asegurar que se muestra todavía muy agradecida con la Academia.
"La mayor ganancia para mi, y lo que agradeceré siempre, es haber podido sentarme en primera fila aquella noche de la ceremonia de los Óscars", recordó Montenegro.
Posteriormente a su trabajo en aquel filme, la actriz dijo haber recibido invitaciones para realizar papeles en Hollywood: "de chilena, de salvadoreña, de hispana, el lugar en el que cabe una latinoamericana en una película estadounidense".
Sin embargo, la intérprete prefirió volver a Brasil y, especialmente, a las tablas a las que tantos años de trabajo ha dedicado.
"No existe ambición en mi, cuando se es joven hay que intentarlo, pero yo he tenido una vida muy realizada y muy intensa aquí", manifestó.
A punto de cumplir los 80 años, el próximo día 16, en la mente de esta mujer no cabe la palabra jubilación y ya tiene toda una ajetreada agenda de trabajo hasta el 2011.
Hasta diciembre, la actriz continuará interpretando a la filósofa francesa Simone de Beauvoir en los escenarios de Río de Janeiro con el montaje "Viver em tempos mortos" para después incorporarse al elenco de una importante telenovela en la que participará durante todo el 2010.
Montenegro tiene incluso previsto viajar un año después a Portugal para participar de la adaptación teatral que el director Ricardo Paes realizará de la novela "El Amante", de Marguerite Duras.
La actriz afirma tajante que no se cansa de trabajar, aunque reconoce que no sabe explicar de dónde saca la energía y aún antes de despedirse ofrece un consejo a las nuevas generaciones: "que desistan".
"Si se tiene miedo, si no se tiene el coraje suficiente para enfrentar esta profesión, que es complicada, es mejor desistir", afirmó con la serenidad y firmeza que solo se obtiene tras una carrera de más de 50 años dedicada a la interpretación como una pasión y no solo como un trabajo.