El resurgir de Santorum evidencia que Romney no convence y amenaza a Gingrich
REDACCIÓN
El resurgimiento de Rick Santorum en la contienda electoral republicana en EE.UU. tras su victoria en tres estados evidenció hoy otra vez que el candidato favorito, Mitt Romney, no convence y al tiempo amenaza el plan de Newt Gingrich de presentarse como la verdadera alternativa conservadora.
Santorum, exsenador por Pensilvania, reveló hoy que su campaña recaudó unos 250.000 dólares sólo en la noche del martes a raíz de sus victorias en Colorado, Minesota y Misuri, y adelantó que desde ahora se va a centrar en atacar no a sus rivales republicanos, sino directamente al presidente Barack Obama.
"Sentimos que la gente va entendiendo que tenemos el historial y la mejor visión para ganar contra el presidente Obama", dijo Santorum en una entrevista con Fox News.
Después de su victoria por un puñado de votos sobre Romney en los caucus (asambleas populares) de Iowa, que abrieron el proceso de primarias para seleccionar al candidato presidencial republicano que se medirá a Obama en las elecciones del 6 de noviembre, Santorum había pasado casi desapercibido hasta ayer.
Sin perder mucho tiempo en estados que daba por perdidos como Florida, Santorum concentró sus esfuerzos en otros como Colorado, donde pasó nueve días casi pidiendo el voto puerta por puerta, como había hecho en Iowa.
El resultado fueron sus triunfos del martes en los caucus de Colorado y de Minesota, así como en las primarias de Misuri, después de que su continuidad en la contienda llegara a estar en duda hace apenas diez días por la hospitalización de su hija menor, Bella, que padece un mal incurable.
Reforzado por esos triunfos, Santorum, un devoto católico y padre de siete hijos, quiere "hacer de Obama" el tema de su campaña electoral, como repitió hoy en varias entrevistas con diferentes cadenas de televisión.
Obama "se cree el tipo más inteligente del país" y, por ello, considera que "debe decirle a la gente en qué creer y cómo vivir sus vidas", ironizó el exsenador, en referencia a una polémica norma del Gobierno que obligaría a las instituciones católicas a ofrecer métodos anticonceptivos a sus empleados.
Por su parte, la campaña de Romney, el gran perdedor con su segundo puesto en Colorado y Misuri y un tercer lugar en Minesota, reiteró su mensaje de que es imposible ganar en todos los estados que celebran caucus y primarias.
Pese a los triunfos contundentes de Romney en estados como Nuevo Hampshire, Florida y Nevada, la pregunta que se repite hoy es si es el candidato idóneo para el Partido Republicano, cada vez más influido por conservadores evangélicos y activistas del derechista Tea Party que rechazan las posturas moderadas del exgobernador.
"Nos gustaría ganar en todas partes, pero no podemos. Y nos hemos enfocado en los estados que son clave para cómo vemos el camino hacia la nominación", explicó Stuart Stevens, un asesor de Romney.
A pesar de su intento de quitar hierro al tercer lugar en Minesota, lo cierto es que los analistas coinciden en que supone una derrota significativa para Romney, que gastó dinero y tiempo tanto en ese estado como en Colorado, y además había ganado en ambos con comodidad en las primarias de 2008.
En cuatro de los ocho estados que han celebrado primarias o caucus este año (Iowa, Nevada, Minesota y Colorado), Romney ha conseguido menos votos que en 2008, según un análisis de The Wall Street Journal.
Si la campaña de Romney tiene motivos para preocuparse, peor es el escenario para Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y quien, tras su único triunfo en Carolina del Sur, se presentaba como la mejor alternativa al exgobernador para captar el voto de los más conservadores.
Después de importantes derrotas en Florida y Nevada, Gingrich volvió a fracasar ayer en Colorado y Minesota, y en Misuri ni siquiera compitió.
No obstante, Gingrich no había hecho una campaña muy intensa ni en Colorado ni en Minesota, e incluso siguió el desenlace de la noche electoral desde Ohio, donde ya se prepara para el "supermartes" del 6 de marzo, fecha en la que ese estado y otros celebran primarias.
Mientras, el cuarto aspirante en liza, el congresista de ideas libertarias Ron Paul, logró un sorprendente segundo puesto en Minesota por encima de Romney que le da alas para seguir en campaña.
Mitt Romney o la necesidad de renunciar a sí mismo para ganar
Washington, 8 feb (EFE).- El exgobernador de Massachusetts Mitt Romney volvió a demostrar su incapacidad para hacerse con el voto de los más conservadores en las últimas citas electorales y reiteró su apelación al pragmatismo y caudal de dinero de su maquinaria de campaña. Romney, mormón y padre de cinco hijos, perdió anoche en los caucus (asambleas populares) celebrados en Minesota y Colorado, y en las primarias de Misuri, en lo que supuso el nuevo renacer de Rick Santorum, aspirante con menores recursos pero convicciones más próximas al espíritu tradicional conservador. Ante las derrotas, el precandidato ha insistido hoy en que no es posible imponerse en todos los estados. Su asesor Stuart Stevens afirmó que "nos gustaría ganar en todas partes, pero no podemos. Y nos hemos enfocado en los estados que son clave para cómo vemos el camino hacia la nominación". Pero las disputadas primarias republicanas de 2012 están siendo un ejemplo de indecisión por parte de los votantes que muchos analistas consideran reflejo de la escisión abierta dentro del Partido Republicano, cuyos simpatizantes parecen sólo encontrar unidad en su oposición al actual presidente, el demócrata Barack Obama. El Partido Republicano, cuya identidad aparece fragmentada, busca ahora su voto entre una amalgama de conservadores moderados, cristianos evangélicos renacidos, libertarios del Tea Party y votantes desencantados con Obama. Como si de una novela de suspense por entregas se tratase, se han ido sucediendo los primeros capítulos de la selección del candidato que buscará devolver a los republicanos a la Casa Blanca, tras la derrota del senador John McCain en 2008. Primero, en el pequeño estado del medio oeste Iowa, Romney y Santorum escenificaron una pugna que se saldó por un puñado de votos, y que otorgó la victoria final a Santorum, semanas después de celebrados los caucus. Seguidamente, Romney arrasó en Nuevo Hamsphire, estado vecino a Massachusetts y donde el exgobernador posee una casa de veraneo. En el tercer episodio, y cuando se esperaba que Romney sellase el final de la partida, perdió por una docena de puntos porcentuales las primarias de Carolina del Sur, ante el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, que irrumpió como alternativa sureña. Sin embargo, a finales de enero y en Florida, el exgobernador de Massachusetts obtuvo una holgada victoria frente a Gingrich, mientras Santorum cayó en la popularidad, con lo que emergió como el candidato más fuerte, una imagen que se repitió en Nevada. Aun asím su campaña, a la que ha ido sumando respaldos de lo más variado y, lo que es más importante, mayores fondos, parece incapaz de lavar su imagen distante, fría y desapasionada. Se le sigue percibiendo como un millonario falto de autenticidad, con el que no conectan las bases conservadoras del partido más afectadas por la crisis y que se muestran escépticas con un aspirante que revela unos ingresos anuales de 20 millones de dólares. Para seducir a un amplio espectro de votantes, Romney ha obtenido el respaldo explícito del senador y excandidato McCain, precisamente quien lo venció en las primarias de 2008; del gobernador de Puerto Rico, el hispano Luis Fortuño, o del multimillonario y magnate inmobiliario Donald Trump. Sin embargo, el cartel de candidato "oficial" y amigo de Wall Street sigue pegado a sus espaldas por sus tiempos al frente de un fondo de inversión con los que sustentó su fortuna. Frases desafortunadas como "no me preocupan los muy pobres", en una entrevista después de vencer en Florida, no le han ayudado precisamente a desprenderse de esa etiqueta. Asimismo, su religión mormona, la cercanía de algunas de sus leyes como gobernador a las de Obama (promulgó una reforma del sistema de salud similar) y sus dubitativas respuestas han agujereado su popularidad. Romney sólo brilla en las encuestas cuando se pregunta a las bases republicanas a quien consideran el candidato con más posibilidades de arrebatar la Casa Blanca a los demócratas. Es algo que todavía se tendrá que ganar en las siguientes paradas de la caravana republicana con destino a la gran convención del partido a celebrar en agosto en Florida. Pero para eso queda un largo camino. La próxima entrega de la trama de suspense: el 28 de febrero en Arizona y Michigan, su estado natal y donde su padre fue gobernador en la década de los 60.