El Senado de EE.UU. aprobó hoy a Elena Kagan como jueza del Supremo, la cuarta mujer que llega al más alto Tribunal, con lo que los demócratas, pese a la oposición mayoritaria de los republicanos, dieron una victoria política al presidente Barack Obama, que la designó.
La confirmación de Kagan como 112 juez del Supremo, por 63 votos frente a 37, se produjo en vísperas del receso legislativo de agosto del Senado y contó con el apoyo de casi toda la bancada demócrata, los dos senadores independientes y cinco senadores republicanos.
Se espera que la nueva juez del Supremo jure su cargo vitalicio este mismo fin de semana, a pesar de que el próximo período de sesiones del tribunal está programada para octubre.
El voto no causó sorpresas ya que casi todos los senadores habían adelantado su postura respecto a Kagan, designada por el presidente Barack Obama en reemplazo del juez John Paul Stevens, que se jubiló en junio pasado después de 34 años de servicio.
El único demócrata que anunció que votaría en contra de Kagan, de 50 años, fue el senador de Nebraska, Ben Nelson.
Horas antes del voto, el senador republicano de Massachusetts, Scott Brown, confirmó que se oponía a la confirmación de Kagan en el cargo vitalicio, pese a las especulaciones en torno a su posible apoyo.
Al igual que Brown, muchos republicanos se quejaron durante el proceso de confirmación de que Kagan, actual representante del Gobierno ante el Supremo, carecía de experiencia judicial.
Uno tras otro, los republicanos denunciaron en el pleno del Senado el presunto activismo político de Kagan y su temor de que intente promover su propia agenda política o legislar desde el estrado.
En general, los republicanos han insistido en que Kagan no podrá dejar de lado su partidismo y filosofía progresista a la hora de emitir dictámenes.
Los demócratas replican que Kagan, ex decana de la Facultad de Leyes de la Universidad de Harvard, tiene amplia experiencia legal y logrará conseguir consenso en la máxima corte, principalmente en los asuntos que más polarizan al país.
En el último de tres días de debate, el senador demócrata por Nueva York, Charles Schumer, dijo que, por fin, el "estadounidense medio" tendrá a su alcance una voz que los represente en esa Corte.
Influyentes grupos como la Asociación Nacional de Mujeres Jueces respaldaron a Kagan desde el principio, alabando su "singular constelación de experiencias" en su trayectoria como abogada privada, representante legal de la Casa Blanca, académica y, en la actualidad, abogada del Gobierno ante el Supremo.
Pero el grupo "Americans United for Life Action", haciéndose eco de las críticas de conservadores, dijo en un comunicado que Kagan será la juez "más motivada" por una agenda política y una fiable activista "pro-aborto".
"El pueblo estadounidense quiere jueces justos e imparciales, y el impacto negativo de la juez Kagan se sentirá durante las próximas décadas", advirtió Charmaine Yoest, presidente de ese grupo.
Otros conservadores habían denunciado su presunto apoyo a un mayor control de armas y su rechazo de la ley actual que prohíbe a los soldados abiertamente homosexuales a prestar servicio militar.
El Tribunal Supremo es considerado "el máximo árbitro" de la Constitución de EEUU y sus dictámenes rigen sobre todos los aspectos de la vida nacional, incluyendo asuntos como la tenencia de armas, el derecho al aborto, o los derechos civiles.
Con el desembarco de Kagan en el Supremo, por primera vez en su historia, un tercio de los nueve magistrados que lo componen serán mujeres.
Con la confirmación en su bolsillo, Kagan se sumará a las jueces Ruth Bader Ginsburg y Sonia Sotomayor, ésta última de origen puertorriqueño y también nombrada por Obama, en reemplazo de David Souter. Sotomayor fue confirmada en agosto de 2009.
Sandra Day O'Connor rompió la barrera del género en 1981, cuando fue confirmada como la primera mujer en la historia del Supremo, donde permaneció hasta enero de 2006.
Kagan, una "brillante" adición al Tribunal Supremo de Estados Unidos
Washington, 5 ago (EFE).- Elena Kagan, la cuarta mujer que llega a la magistratura más alta del país, el Tribunal Supremo, es una abogada brillante que sabe defender sus convicciones con determinación y humor.
Durante las audiencias de confirmación, Kagan demostró que es inteligente, que conoce la ley al dedillo y que tiene una gran capacidad de callar lo que no quiere decir.
Y además, esta mujer de 50 años que no se casó nunca y llegó a ser decana de la Facultad de Derecho de Harvard, dejó claro que es divertida.
"No sólo es ingeniosamente inteligente, que lo es. Es además una mujer que se ríe a carcajadas", incluso en momentos de gran tensión, como sin duda los hubo en las audiencias de confirmación, reconocía The Christian Science Monitor.
Como ejemplo de su habilidad y su humor quedará en los anales del Senado el intento del senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, de acorralarla respecto a la concesión de derechos a terroristas detenidos "in fraganti" como el que intentó volar un avión en EE.UU. el día de Navidad de 2009.
Graham, empezó por preguntarle: "¿Dónde estaba usted el día de Navidad?". Y ella, viendo por donde venía, le contestó con sorna: "Esa es una causa legal abierta..."
El senador replicó: "Sólo quiero saber dónde estaba usted el día de Navidad" y ella, tras una sonora carcajada, contestó: "Usted sabe... como todos los judíos, probablemente en un restaurante chino".
Todo el mundo se rio. Graham contestó: "Gran respuesta". Y el asunto quedó ahí. En el aire.
Asuntos como éste, unidos a su nula experiencia como jueza -nunca ejerció esta vertiente del derecho- son los que hacen que algunos de sus oponentes consideren que Kagan no debe estar en el Supremo. Pero los que la defienden, piensan que será capaz de defender la Constitución con fidelidad e imaginación.
Entre ellos está el presidente Barack Obama, que, cuando la designó, la calificó como "una de las mentes legales más preclaras del país", que será una gran adición a la máxima instancia judicial del país, con competencias en temas como la pena de muerte o el aborto.
Su desembarco en el tribunal, un majestuoso edificio blanco situado a espaldas del Congreso, permitiría además que, por primera vez, tres de los nueve magistrados del Supremo sean mujeres.
Nacida en el seno de una familia judía de Nueva York, se crió en un ambiente progresista e intelectual en el Upper West Side de Manhattan.
"Elena", dijo entonces Obama, "es nieta de inmigrantes. Su madre fue durante 20 años una apreciada profesora de una escuela pública, al igual que lo son ahora sus dos hermanos".
Su padre fue, como ella, abogado, y dedicó su vida a defender los derechos de los inquilinos en Nueva York.
La ex decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard (2003-2009) y la primera procuradora general de EE.UU., cargo que ocupa en la actualidad y desde el que ha defendido la posición del Estado ante el Tribunal Supremo, fue una niña inteligente y perspicaz.
La joven Kagan estudió en uno de los institutos públicos más elitistas del país, el Hunter College de Nueva York, que selecciona a estudiantes de todo EE.UU. en función de su potencial y los resultados de un difícil examen de acceso.
Amante de la ópera, el póquer y la literatura fumó, durante y más allá de su adolescencia, uno de los pocos "vicios" que se le conocen y uno que reconoció cuando, durante la presidencia de Bill Clinton, encabezó las batallas legales contra las grandes tabaqueras.
Su reconocida capacidad intelectual le permitió estudiar en dos de las mejores universidades del país, Princeton y Harvard, y la llevaron a ser pasante de uno de los magistrados más míticos del Supremo, Thurgood Marshall.
Pese a su cautela, Kagan tiene algunas decisiones polémicas en su carrera.
Entre las más notables está la de prohibir el acceso de los reclutadores militares a la Facultad de Derecho de Harvard por considerar que la prohibición de que las personas abiertamente homosexuales sirviesen en las Fuerzas Armadas era "una injusticia".
Kagan, como los otros ocho miembros del Tribunal, permanecerá en el Supremo de por vida. Desde allí, aseguró, defenderá "el cumplimiento de la Constitución, el respeto a sus principios y la defensa del derecho de los ciudadanos a un juicio imparcial y a la igualdad de todos ante la Ley".