Con siete hijos, entre ellos dos mujeres a las que con cariño llama "Auxilio, porque la otra tiene como nombre Socorro", Félix acudió recientemente a su cuarta cita al Instituto Oncológico Nacional. También le acompañaba su hijo mayor, Fernando.
Para este campesino, la vida como fumador la inició cuando tenía 25 años. Hoy cuenta con 73.
"Eso había que aprenderlo. No lo enseñaban. Yo fumaba tabaco en cachimba, era un llenadito para estar echando humo. Cosas de chiquillón. Tenía como 25 años cuando comencé y luego agarré los cigarrillos. Fumaba para estar haciendo algo", relató.
Fernando, su hijo mayor y ahora pilar de esta familia, está consciente de que esta situación ha golpeado a todos los suyos. Especialmente a su madre, porque ella ha sido la compañera permanente de su padre.
"Esta es una enfermedad despiadada. Es una causa real y como familia hemos procurado estar unidos y enfrentar esta situación, porque de lo contrario esto va a afectarnos más", explicó.
El precio que hay que pagar. No cabe duda de que el consumo de cigarrillo y tabaco y debido a las enfermedades que generan, además del costo económico, también cobran una gran cuota social y emocional.
Para cada familia afectada hay una cuota de sacrificio. A muchos les afecta en lo económico.
Para la de Félix, los sacrificios se inician con cada viaje, que empuja toda una logística, para que su padre se presente a cada cita en el ION.
Y es que don Félix, para llegar al ION, emprende un recorrido que se inicia dos días antes a la cita.
Primero, se traslada desde los campos de Los Díaz, en Río de Jesús (Santiago, Veraguas) hasta la Atalaya, para reunirse con una de sus hijas que lo llevará hasta la ciudad y de allí hasta la casa de una hija en Tocumen (Panamá Este).
Una vez allá, le toca madrugar el día siguiente para que pueda ser uno de los primeros en ser atendidos. Esto, también se logra, porque su hijo mayor se traslada ese mismo día desde La Chorrera hasta el hospital y se encarga de adelantar los trámites de atención.
Cada uno de estos viajes, sin incluir la alimentación cuesta alrededor de 50 balboas para esta humilde familia veragüense.
Aunque han hecho gestiones para obtener ayudas económicas con los gastos de transporte a través de la CSS no han podido, debido a los trámites burocráticos. Sin embargo, esta difícil situación no ha afectado que don Félix llegue a sus citas.
"Esto es engorroso que yo tenga que estar dando la cara, no porque se quiera, es por necesidad. Pero aún no conseguimos ayuda”, dijo una de las hijas de don Félix.
"Este es el cuarto viaje. Tenemos suficiente preocupación para tener otra más. Como el hermano e hijo mayor, les he dado fortalezas a mis hermanos y he procurado ser realista (...) Lo que le hacemos sentir a mis padres, hoy y mañana es que tienen hijos de lujo. No se trata de dinero, se trata de vivirlo y hacerlo sentir. Esta es una gran diferencia. Mi papá sabe que hacemos lo que corresponde a pesar de la situación difícil. Somos conscientes. Esto es el inicio de un Vía Crucis, pero les inculco: hay que vivir con Dios. Una cosa es que mi padre viva con la enfermedad unido a Dios y otra cosa es no tener a Dios.
Hemos asumido esta responsabilidad para hacer la diferencia", recalca Fernando.