La selección de Estados Unidos se ha sumado al lema "Yes, we can" (Sí, podemos) del presidente del país, Barack Obama, y tras el empate ante Inglaterra ha empezado a mostrar su potencial en el Mundial después de haber dado en 2009 un gran paso adelante con el subcampeonato de la Copa Confederaciones.
Hace un año ganó a Italia por 3-1, se coló de forma casi rocambolesca en las semifinales de la Copa, se convirtió en el único equipo que ha ganado a España en los últimos tiempos, al vencerle en la semifinal (2-0), y estuvo cerca del titulo en la final con Brasil, en la que desperdició una ventaja de 2-0 en el primer periodo.
De la mano de un técnico riguroso, serio y trabajador como Bob Bradley, la selección estadounidense ha dado varios pasos al frente en los últimos años a partir de un bloque de jugadores que cada vez han cobrado más protagonismo en las líneas europeas.
Poco tiene que ver el actual bloque de Estados Unidos con aquellos jugadores aficionados, casi siempre de origen hispano o europeo, que integraron una selección sin apenas seguimiento en su propio país y con apenas argumentos futbolísticos.
Actualmente, por contra, sus integrantes juegan en Europa. El central Oguchi Onyewu lo hace en el Milan y hasta ocho hombres de la selección militan en el fútbol inglés, entre ellos Clint Dempsey, autor del gol ante Inglaterra, y que acaba de disputar la final de la Liga Europa con el Fulham, ante el Atlético de Madrid.
Tras quedarse con la miel en los labios hace un año ante Brasil, el equipo ha llegado al Mundial con la intención de demostrar su crecimiento y tras el fútbol mostrado en el primer partido ha dejado claro que ya no es el "hermano pobre" del deporte que durante algún tiempo fue en la nación del béisbol, baloncesto y fútbol americano.
Quizá sea Estados Unidos el ejemplo más claro hasta el momento del impulso que un Mundial puede ofrecer al fútbol de un determinado país. Desde que se disputó allí en 1994, el equipo no ha faltado al torneo y en 2002, en Corea-Japón, alcanzó los cuartos de final.
Antes, su presencia en el Mundial había sido testimonial con las comparecencias de 1930, en la primera edición, y de 1950, cuando ganó a los ingleses.
Dentro de la Concacaf, Estados Unidos ha estado entre los mejores y prueba de ello es que se clasificó para Sudáfrica como primero del hexagonal de su confederación.
Su objetivo, por tanto, es adecuar el potencial mostrado en aquella confederación a competiciones de máxima exigencia como el Mundial.
Para ello, el equipo que prepara Bob Bradley ha evolucionado hasta los parámetros actuales desde el fútbol que ofrecía hace quince años, cuando era en Estados Unidos un juego sin apenas intensidad profesional, practicado para satisfacer el ocio y al que la afición y los medios de comunicación apenas atendían.
Han pasado, definitivamente, los tiempos en los que resultaba necesario explicar lo que era un empate, un fuera de juego o una barrera a todos los que se asomaban al mundo del "soccer" en los Estados Unidos.
Por ello, la lista de convocados por Bradley para el Mundial ofrece dos grandes conclusiones. Una alude al auge exponencial del fútbol en el país y la otra a la realidad de que a su Liga todavía le falta consistencia, tal y como se demuestra en la circunstancia de que tan sólo cuatro de sus jugadores militan en el fútbol estadounidense.
Además, uno de ellos, Landon Donovan, el jugador más creativo del equipo, lo hace tras haber regresado a su país después de completar una etapa en fútbol alemán.
El empate ante Inglaterra en su debut en el Mundial se ha convertido en el último paso adelante del fútbol estadounidense en los últimos tiempos.