ESTUDIANTES**Los de ayer no merecen ser llamados estudiantes. El título les queda corto. Son más bien bestias inhumanas en uniforme, que asisten a la escuela a perder el tiempo y hacerlas perder a sus profesores. Porque, en esencia no quieren aprender, ni tienen capacidad para hacerlo. Carecen de alma, conciencia y sentimientos, enajenados seguramente por las drogas o por su propia estupidez.
DISTURBIOS**No de otro modo puede explicarse los violentos e irracionales disturbios que armaron ayer los del Artes y Oficios. Sobre todo, la agresión y herida con punzón que infligieron al monseñor Alejandro Vásquez Pinto, uno de los pastores de la Iglesia que más se ha ocupado por defender a los pobres, o sea a ellos, sus agresores. Hubo también decenas de automovilistas igualmente atacados.
CIERRE**El único motivo fue pasar por allí o tener un negocio en la vecindad. Los disturbios coincidieron con otros, de menor intensidad, de los institutores. La suspensión de clases es atinada, pero insuficiente. A los del Instituto hay que darles la última advertencia. Y al Artes hay que cerrarlo ya. Con el valor de sus terrenos sobra para mudarlo y hacer más escuelas para quienes quieran y merezcan estudiar.