"Prefiero venir a pasar trabajo acá, empezar de nuevo que morir en manos de los paramilitares colombianos", manifestó Kasilda Castro, momentos en que llegaba a la ciudad de Colón en un grupo de más de cien desplazados que huyeron de La Miel, pueblo fronterizo con Colombia, por temor al enfrentamiento entre paramilitares y guerrilleros colombianos.
Kasilda forma parte de la familia Castro, que la integran un grupo de más de 30 personas, entre ellas 20 menores de edad, que huyeron de La Miel, víctimas de la violencia que se vive en la región fronteriza con Colombia.
La Miel es el último pueblo del lado panameño en la frontera con Colombia en el Océano Atlántico y en el cual residían unas 250 personas, en su mayoría panameños.
La familia Castro se aventuró a la mar para salvar sus vidas. Dejaron todas sus propiedades en La Miel: casas, tierras, sembradíos y según cuentan, un estilo de vida que hasta el momento era "tranquilo" para ellos.
"Tomamos dos chalupas(embarcaciones) y nos lanzamos a la mar huyendo", manifestó Cornelio Castro, de 18 años de edad.
"Solo los perros se quedaron en La Miel, dejamos nuestras propiedades allá. Traímos ropa, ñame, y plátano para comer acá", dijo Rubén Castro de 24 años de edad, otros de los desplazados que llegaron a Colón.
Fueron tres días navegando en el mar que tomaron los Castro para llegar hasta el puerto de Coco Solo en la provincia de Colón, donde fueron a refugiarse donde un tío de la familia que les ha dado albergue temporalmente.
Pero la más valiosa propiedad que dejaron en San Blas, los Castro fueron a sus padres, quiénes se quedaron en Puerto Obaldía.
El grupo lo integran 30 personas, todas familias, que llegaron a las costas de Colón, huyendo de la situación que se vive en la frontera con Colombia. En el grupo hay más de 20 niños de edad escolar y Edgar Castro, de apenas 15 días de nacido.
Es una familia joven, en el grupo se cuentan dos señoras de más de 60 años. Son morenos, de cabello duro, altos, fornidos por el arduo trabajo que realizaban allá como la agricultura y la pesca.
Como cuenta Rubén Castro, quien nació y vivió toda su infancia y juventud en La Miel, la vida de la familia era tranquila y ganaban "buen dinero" con la venta de pargo rojo para el turismo en el área.
Los Castro cuenta la realidad de lo que vivieron con tranquilidad, pero tampoco desconocen que Colón en una ciudad con graves problemas socioeconómicos de los cuales ellos serán víctimas.
GUERRILLEROS AMIGOS
Cuenta Rubén Castro que desde que era pequeño escuchó de la presencia de guerrilleros en La Miel. Para los pobladores de ese lugar, no había problemas con la guerrilla ya que los "trataban bien", "hablaban tranquilos" y nunca los amenazaron con matarlos.
Los guerrilleros siempre han deambulado por esos sectores fronterizos, pero ellos se portan bien con los panameños y colombianos que estamos en los pueblos fronterizos, dijo el joven algo extrañado por el asombro en la capital de vistas de televisión que confirmaban la presencia de guerrilleros en territorio panameño.
PARAMILITARES NO IBAN HACER POLVO
Los que motivaron la salida de los Castro de La Miel así como los demás pobladores fueron los paramilitares.
Cuenta Kasilda Castro que hace cuatro meses los paramilitares habían llegado a La Miel y advirtieron que si llegaba la guerrilla allí no le dieran agua ni le vendieran nada de las tiendas del lugar porque si no los "iban a convertir en polvo".
Lo que asustó a los Castro y a las demás familias del pueblo fue que la guerrilla fue a la Miel y los dueños de las tres tiendas del sitio le vendieron mercadería a los guerrilleros por lo que incumplieron la advertencia de los paramilitares.
Indicó que la población al tener noticias de que los paramilitares estaban próximo a la región y se eperaba un enfrentamiento con la guerrilla ellos tuvieron que abandonar el lugar lo más pronto posible.
Kasilda comentó que ellos han tenido noticias de otros poblados del lado colombiano lo que los paramilitares le han hecho a personas por ayudar a los guerrilleros, entonces no podían esperar a que éstos llegaran porque la muerte les esperaba.
"Los paramilitares agarran a la gente, la cortan con sierra, le cortan los testículos y matan a los niños", narró Kasilda como parte de lo que les podría esperar a ellos si permanecían por más tiempo en La Miel.
"Mejor buscar una nueva vida y no esperar a morir en manos de esa gente", manifestó la desplazada.
30 VIVEN EN UNA CASA.
Pero luego de contar su viaje y el terror que vivieron por unos días en La Miel, los Castro vuelven a una dura realidad ya que ahora duermen 30 personas en una sola residencia, ubicada en la población de Cativá, provincia de Colón.
La residencia es de gente pobre. Está a la orilla de la mar, lo que es un poco agradable para los Castro ya que siempre han vivido a la orilla del mar. Son costeños y nunca podrían vivir si no escuchan el sonido del mar.
El lugar está abundado de chitras y mosquitos, pero para ellos eso no es molestia ya que tranquilamente están sin camisas en la casa.
Una pequeña estufa y unas cuentas ollas dan el sentido de que la familia que antes comía bien ahora está pasando problemas.
La residencia aunque es de dos altos, es sumamente pequeña para 30 personas donde el hacinamiento es notable.
" Dormimos en el piso, pero lo que se quiere es estar seguro y con vida", dijo Kasilda al señalar la realidad que ahora viven.
En La Miel cada jefe de la familia tenía su residencia y su cuarto aparte, pero ahora tienen que compartir todo.
Otros desplazados que llegaron de La Miel se ubicaron en Puerto Escondido, San Isidro y Cativá en la provincia de Colón.
En los Castro se aprecia algo importante que los hace fuerte ante la adversidad y es el sentido de unidad que permanece entre sus miembros.
SITUACION DIFICIL
Los Castro reconocen que enfrentarán una difícil situación económica en la provincia de Colón donde conseguir un empleo es una odisea de todos los días.
Rubén Castro de apenas 24 años dijo que reconoce la difícil situación por la que tendrán que pasar en Colón a diferencia en La Miel donde con salir a pescar ya tenían garantizada la compra del marisco.
Por tratarse de una familia joven, manifestó que ellos están dispuestos a trabajar en la construcción y en otros empleos dentro de los puertos.
Actualmente la familia enfrenta una grave crisis ya que los alimentos que lograron traer de La Miel ya se les están agotando y no tienen leche para darle de comer a los niños, entre ellos a un recién nacido de 15 días.
Pidieron ayuda a la comunidad para que les proporcione alimentos y ropa por los primeros días ya que ellos están dispuestos a salir a buscar el pan para sus hijos.
NO VOLVERAN
A pesar que dejaron en La Miel parte de su vida, los desplazados advierten que no regresarán más a ese pueblo y se afearan a iniciar una nueva vida en la ciudad de Colón.
"No creo que podamos volver más a La Miel hasta tanto se normalice la situación en Colombia", dijo Cornelio Castro.
VENDRAN MAS
La familia Castro advirtió que en Puerto Obaldía se quedaron más personas de La Miel que quieren salir huyendo del lugar y pueden sumar otras cien personas más.
LUGARES DE ENTRADA
Los desplazados del Darién y Kuna Yala por el conflicto guerrillero no solo entraron por Colón sino que también por el aeropuerto de Albrook y el Muelle Fiscal en el terraplén en el mercado público de San Felipe.
Varios se reubicaron en San Miguelito, en Arraiján, y en Colón.
IGLESIA ADVIERTE EXPLOSION
La diócesis de Colón y Kuna Yala a cargo del monseñor Carlos María Ariz advirtió una "explosión social y demográfica" con la llegada de los desplazados del Darién a la ciudad de Colón.
Un vocero de la Diócesis dijo que es preocupante para la Iglesia la situación de la llegada de desplazados del Darién porque los problemas socioeconómicos que enfrenta la provincia se agravarán.
Colón es una de las ciudades con las más alta tasa de desempleo y los problemas de escasez de viviendas y marginalidad social son evidentes.
AYUDA
A pesar de los pocos recursos, la Diócesis de Colón y Kuna Yala se entrevistó con los desplazados llegados del Darién e inició un censo para contabilizarlos y saber qué tipo de ayuda requieren.
La Iglesia solicitará ayuda a diversos sectores de la provincia para proporcionarles alimentos y ropa a los desplazados mientras puedan mejorar su situación.