Estados Unidos reforzó ayer las excepcionales medidas de seguridad que aplica desde los atentados terroristas, ante el temor de represalias por la campaña militar en Afganistán y el llamamiento a la "guerra santa" de Osama bin Laden. Las fuerzas militares estadounidenses están en estado de alerta, la presencia de la Guardia Nacional ha sido reforzada en aeropuertos y varias ciudades, se han cerrado al tráfico calles contiguas a sedes del Gobierno, y el vicepresidente, Richard Cheney, ha sido trasladado desde la Casa Blanca a un lugar secreto.
"Sé que muchos estadounidenses sienten miedo hoy. Nuestro Gobierno está tomando importantes precauciones", dijo ayer el presidente George W.Bush, en el mensaje en el que anunció el inicio de una operación militar en Afganistán.
Agregó que "todas las agencias de inteligencia y las encargadas de poner en práctica la ley trabajan intensamente en Estados Unidos, en todo el mundo y contrarreloj". Washington es consciente de que el ataque militar puede despertar "un fuerte sentimiento antiestadounidense" y causar "acciones de represalia" en su territorio o contra sus intereses en el extranjero.
"Se trata de una posibilidad del 100 por ciento", indicó esta semana una fuente de la inteligencia estadounidense, mientras que el fiscal general, John Ashcroft, lo consideraba como algo "probable". Además, una encuesta reciente señalaba que tres de cada cuatro estadounidenses piensan que una respuesta militar estadounidense puede causar nuevos atentados en este país.
En Washington, la policía ha cortado el tráfico en algunas calles cercanas a edificios oficiales, como el Departamento de Estado o el Pentágono, y en Nueva York se ha reforzado la presencia de tropas de la Guardia Nacional y de policía armada "en áreas cruciales", explicó el alcalde neoyorquino, Rudolph Giuliani.
La Casa Blanca también cuenta con reforzadas medidas de seguridad, con una mayor presencia policia en las cercanías. El Departamento de Estado también ha advertido a sus ciudadanos en el extranjero de que permanezcan alerta, y ha pedido a los norteamericanos que abandonen Afganistán, aunque se cree que apenas hay presencia estadounidense en la zona dominada por los talibán.
Esas advertencias previsiblemente provocarán más temores en una población ya bastante amedrentada, que ha adquirido máscaras de gas para protegerse de una eventual guerra bacteriológica y que ha incrementado la compra de armas.
Muchos expertos médicos creen que, entre las cosas que debe tener todo hogar estadounidense, figura un equipo de primeros auxilios -con amplio número de antibióticos-, así como comida enlatada, agua embotellada, mantas, linternas y gafas.
Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, Estados Unidos ya había incrementado fuertemente las medidas de seguridad en torno a la Casa Blanca, el Congreso, los aeropuertos, las fronteras, en edificios oficiales y otras instalaciones como depósitos de agua y centrales eléctricas y nucleares.