Argentina ha logrado refinanciar en poco más de un lustro el 92,3 por ciento de la deuda pública declarada en mora en 2001, el mayor cese de pagos de la historia, destacó hoy la presidenta Cristina Fernández en el último discurso de su actual mandato ante el Parlamento.
Arropada por una multitud que siguió su discurso a las puertas de la sede parlamentaria, Fernández defendió el "nuevo modelo de acumulación económica e inclusión social" que en 2003 "inauguró" su esposo y antecesor en la jefatura del Estado, Néstor Kirchner, fallecido en octubre pasado.
La deuda exterior argentina equivalía al 156 por ciento del producto interior bruto (PIB) del país en 2005, cuando Kirchner concretó "contra viento y marea de afuera y de adentro" la primera refinanciación de los débitos morosos.
Con las otras refinanciaciones que se llevaron a cabo en los últimos dos años, se alcanzó una reestructuración del 92,3 por ciento del monto en mora (unos 102.000 millones de dólares) "y hoy la deuda equivale al 36,5% del PIB", subrayó.
Remarcó además que Argentina ha cumplido con los pagos de sus deudas luego de "constantes rumores de centros financieros que aseguraban que no iba a poder pagar" con el fin de "poder seguir especulando" con los precios de los bonos soberanos.
También puso de relieve que Argentina logrará este año una producción récord de 100 millones de toneladas de granos "incluso contra" los cálculos preliminares del propio Ministerio de Agricultura.
Fernández, a quien sus seguidores le piden que opte a la reelección en las elecciones presidenciales de octubre próximo, dedicó su discurso a hacer un repaso de los "frutos" del mandato de cuatro años que comenzó a fines de 2007.
La presidenta es, hasta ahora, la clara favorita para los comicios del 23 de octubre, aunque ni siquiera ha confirmado su intención de volver a presentarse.
Según las últimas encuestas, la mandataria remontó en febrero una leve caída en su popularidad registrada en enero y podría llegar a ganar en primera vuelta, con un 45 por ciento de los votos, de acuerdo con la consultora Aresco.
La división de la oposición, que se debate en luchas internas para definir a sus candidatos, favorece las expectativas del oficialismo, aunque políticos y analistas coinciden en que aún es pronto para definir el mapa electoral argentino.