Nuevo balance de poder torna impredecible el panorama político en Argentina
El nuevo balance de poder en Argentina, con la pérdida del control en el Parlamento por parte del oficialismo pero sin una oposición cohesionada y nula capacidad de diálogo entre sus partes, ha vuelto impredecible el escenario político local.
El gobernante Frente Para la Victoria (FPV) sufrió una dura derrota en los comicios legislativos de junio pasado, pero los verdaderos efectos del resultado electoral comenzaron a verse en los últimos días y se agravaron hoy, con una oposición que muestra el cuchillo entre los dientes tras siete años de mayoría absoluta del oficialismo en el Parlamento.
La decisión adoptada en diciembre pasado por el Gobierno de Cristina Fernández de utilizar reservas del Banco Central para el pago de deudas soberanas ha derivado en un conflicto institucional de final abierto.
"Hay que prepararse para lo inesperado, algo que no es bueno para la democracia", dijo hoy a Efe el analista político Jorge Arias, de la consultora Polilat.
Arias señaló que se puede esperar "la jugada más insólita", como la que hizo el lunes la presidenta cuando, en vez de enviar al Congreso un proyecto de ley sobre el uso de las reservas, redobló la apuesta y firmó un nuevo decreto en una maniobra tan rápida que ese mismo día el Tesoro ya contó con los millonarios fondos.
El Ejecutivo se hizo con parte de las reservas monetarias pese a un fallo judicial previo que lo prohibía, razón por la cual hoy la oposición denunció a la mandataria por supuesta "desobediencia judicial".
También este jueves un tribunal frenó la aplicación del decreto firmado el lunes, fallo que fue apelado por el Gobierno.
En un discurso emitido en cadena nacional, Fernández se mostró hoy desafiante frente a las medidas judiciales, aseguró que usará las reservas para honrar las deudas contraídas por su país y acusó a la oposición por supuestos "intentos de destitución".
"Cuando se mira el juego de mayorías y minorías, la racionalidad indicaría que la oposición y el Gobierno debieran sentarse a dialogar y a consensuar temas centrales para mantener la gobernabilidad. Pero no hay racionalidad democrática en los actores, con lo cual los límites del juego no están definidos y todo es posible", sostuvo Arias.
Según el analista, en este tango ambas partes actúan con irresponsabilidad, "unos por desesperación de un poder que se está diluyendo y otros por la desesperación de no poder consolidarse como una opción clara de poder".
En este sentido, la oposición se anotó una victoria este miércoles cuando puso fin a la hegemonía del oficialismo en el Senado en una votación donde el FPV perdió el control de la mayoría de las comisiones.
Sin embargo, en el arco opositor conviven izquierdistas, derechistas y hasta ex aliados del Gobierno, sin liderazgos claros, por lo que los analistas no se animan a afirmar que esta unión coyuntural perdure frente a futuros asuntos que deban abordar en el Parlamento.
"Hay un conjunto de líderes de oposición que, por la agresión que sufrió el Legislativo por parte del Ejecutivo, se cohesionó, pero por ahora de modo contingente", dijo hoy a Efe Sergio Berensztein, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella, de Argentina.
Según el experto, el país está ante una situación de "gravedad institucional extraordinaria", dado que el Ejecutivo "ha decidido desconocer al Congreso y a la Justicia y utiliza facultades discrecionales un poco más que al borde de la ley, lo que pone de manifiesto una construcción muy autoritaria del poder presidencial".
Berensztein sostuvo que la presidenta se basa en su legitimidad de origen obtenida en los comicios de 2007, cuando triunfó por el 45,29 de los votos, "para justificar actos que no son consensuados", lo que coloca a Argentina en un proceso de "reversión autoritaria".
Para el académico, el Gobierno realmente está convencido de que hay un intento de destituir a la jefa de Estado, "una lógica que puede explicar por qué radicaliza el conflicto en forma constante".
¿Qué se puede esperar, entonces?
Según Berensztein, esta crisis puede terminar en un "reequilibrio del poder" o en un "derrumbe" que arrastre al país a un entorno autoritario, lo que dependerá en gran parte del comportamiento de los diversos actores en juego y de acontecimientos que puedan moderar o agudizar aún más el conflicto.