Giuliani, de “alcalde de EU” a consultor de lujo


Rudolph Giuliani se transformó el año pasado en el “Alcalde de Estados Unidos” debido a su valentía y determinación tras los atentados del 11 de septiembre; hoy en día, el ex alcalde de Nueva York es un consultor de lujo, a la espera de la probable continuación de su carrera política.
“Rudy”, como todos le llaman, se sentía tan irremplazable en las semanas siguientes a los ataques contra el World Trade Center que en algún momento llegó a evaluar la posibilidad de promover una reforma legislativa para prolongar su mandato por seis meses.
Pero Giuliani fue reemplazado el 1 de enero por el millonario Michael Bloomberg, tras lo cual firmó contratos por tres millones de dólares para la publicación de dos libros: un manual de administración llamado “Leadership” y una recopilación de memorias aún no editada.
La revista Time Magazine lo nombró “Personalidad del año”, y ganó un lugar en la lista de oradores más prestigiosos del circuito de conferencias remuneradas organizadas por algunas agencias de Washington.
Las tarifas de Rudy son altas: unos 100,000 dólares por discurso (más o menos lo mismo que cobra el ex presidente Bill Clinton), lo que le permitió embolsar unos ocho millones de dólares en 2002.
Además, juntó a los colaboradores de su gestión fundó una consultora bautizada “Giuliani Partners” en asociación con la empresa financiera Ernst and Young.
La empresa cuenta entre sus vicepresidentes con el ex jefe de policía, Bernard Kerik, el ex jefe de bomberos, Thomas Von Essen y el jefe de los servicios de emergencia de la ciudad y coordinador del socorro en el World Trade Center, Richard Scheirer.
Giuliani y sus hombres venden a buen precio sus consejos y su red de influencias en materia de seguridad, finanzas o de gestión en crisis.
“Rudy”, sobre una ola de popularidad que se niega a disminuir e impulsado por sondeos que reflejan que es un ídolo nacional, participa también de la campaña para las elecciones parciales de noviembre a favor de los candidatos republicanos, que se disputan su presencia en los actos y en las reuniones para recolectar fondos.
Su nombre suena frecuentemente entre los de aquellos que podrían ser llamados a ocupar altos cargos en la administración de George W. Bush o la siguiente. Sin embargo, en los últimos meses adoptó un perfil bajo, negándose a aceptar la gran mayoría de las centenares de entrevistas solicitadas, que se apilan en su oficina de prensa.
Giuliani rompió su silencio a favor de Time Magazine, a quien le confió una crónica titulada “Lograr las cosas en Zona Cero”.
El ex alcalde se declaró a favor de un memorial que si dependiera de él “ocuparía el total de las cuatro hectáreas, con una estructura inmensa que dominaría el lugar”. Oficialmente no tiene nada que decidir sobre la cuestión, sin embargo, como afirmó el profesor de Asuntos Públicos de la Universidad de Baruch (Nueva York), Douglas Muzio, “Rudy continúa siendo un gorila de 400 kg, al que nadie tiene ganas de enfrentar”.
Luego de huir a toda prisa del pandemónium, Lisa Beaty se abrió paso hasta una oficina en Manhattan, se sentó frente a una computadora y envió un correo electrónico con dos palabras que sus amigos y familiares esperaban con ansia: “Estoy bien”.
Ese mensaje y centenares más, incluidos correos electrónicos, fotografías e imágenes en vídeo, son parte de una biblioteca virtual de los atentados, la cual es compilada en los estados de Virginia y Nueva York.
“El Archivo Digital del 11 de septiembre servirá como una nueva plataforma en que la gente puede hacer su propia historia”, dijo Jim Sparrow, uno de los organizadores del proyecto, que puede consultarse en la internet.


Chrissie Brodigan, estudiante que trabaja con Sparrow en la página, dijo que la meta es recopilar una memoria nacional de los atentados.
Sparrow y sus colegas en la universidad, ubicada al oeste del Pentágono, comenzaron en enero el proyecto, visitando a las víctimas y a sus familias en NY, Washington y Shanksville, Pensilvania, donde se estrelló uno de los cuatro aviones secuestrados.
Desde entonces, los investigadores han recolectado centenares de mensajes electrónicos y conversaciones virtuales, así como fotografías y diarios personales en computadora, guardados por gente de todo el país en relación con sus experiencias.
Los participantes en el proyecto buscan también mensajes de radiolocalizadores, transmitidos ese día por las personas que trataban de informar sobre su estado a sus seres queridos.
Varios proyectos como el archivo representan una forma de captar impresiones sobre los hechos históricos, y de registrar las reacciones, afirmó Lee Rainie, director del proyecto.
“La parte más difícil es convencer a la gente ordinaria de que es parte de la historia’’, dijo Sparrow.


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101 años de Panamá América

 
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