He allí el Dilema

El Panamá América en esta iniciativa de exponer ante la opinión pública las diferentes vertientes con respecto al tema del cambio Constitucional, presenta un resumen de los principales puntos de vista de los columnistas que han publicado artículos en la sección de Opinión, para que usted lector, saque sus propias conclusiones.


Hay sectores que abogan por una Asamblea Constituyente Paralela, ya sea mediante el mecanismo que promueve el Foro 2020 de la utilización de una quinta papeleta donde el electorado tome una decisión, o a través de la consulta que el Comité Ecuménico de Panamá realiza desde el domingo 19 de octubre con la recolección de firmas.
Por otro lado, hay sectores que abogan por que a la Carta Magna se le hagan reformas tal como se le han hecho hasta el momento, cambiando aquellos artículos que hoy son muy debatidos en la opinión pública. No obstante, hay quienes se encuentran reacios a hacerle cualquier modificación a la Constitución y lo justifican, por un lado, en que no es el momento para hacerlo y por el otro, que los problemas que hoy vive el país y que pone en entredicho la función y el desempeño de los tres poderes del Estado no se arreglan solamente con tener una nueva Constitución sino en un cambio profundo en la sociedad panameña, en donde se trabaje por forjar un mejor futuro para la patria, dejando a un lado los intereses partidistas e individualistas.
En opinión del abogado Jorge Giannareas, expuesta en el artículo “Un país sin Constitución” publicado el martes 14 de octubre, los argumentos constitucionales están motivados, aunque no se haga de modo consciente o explícito, por el mantenimiento de la tranquilidad del poder. Y agrega, que ese poder se refiere a “ciertos individuos que utilizan sus cargos para servirse a sí mismos y para desconocer y atropellar los derechos de los demás”.
Destaca que aquellos que manifiestan la necesidad de reformar la constitución no tienen aspiraciones muy distintas de los que quieren que se adopte una nueva constitución. No obstante, aunque advierte que la Constitución no es la solución de los problemas que actualmente afronta el país, dichos problemas no tendrán una solución duradera al margen de una Constitución democrática.
Para Giannareas, el debate público no debe dirigirse a si se quiere o no una nueva constitución, sino en cómo y cuándo vamos a lograr una Constitución democrática que esté acorde con los desafíos que la época impone. Un debate en el que se tiene que dar un proceso de participación ciudadana.
En otro artículo titulado “Liderazgo político y nueva Constitución” del martes 21 de octubre, Jorge Giannareas agrega que las constituciones que ha tenido el país “fueron producto de la creatividad del liderazgo político” motivadas más por los signos ideológicos diversos que a los retos de la época o a calmar una tempestad coyuntural.
Por su parte, el ex ministro de Relaciones Exteriores, José Raúl Mulino, en el artículo titulado “Del CEMIS a la Constituyente” publicado el jueves 16 de octubre, se muestra de acuerdo con una Asamblea Constituyente Paralela como lo establece el Foro 2020, con el empleo de la quinta papeleta.
Advierte que una Constituyente sólo se puede convocar cuando existe una profunda crisis en todos las órdenes del país, por lo que estima que ese momento llegó; y agrega que “nunca antes, convocar el poder del pueblo se justificaba tanto como en los actuales momentos”.
En cambio, para el también abogado y político Dorindo Jayan Cortez, una Asamblea Constituyente Paralela llevada acabo a través de la decisión ciudadana expresada en una quinta papeleta no resolvería los problemas del país. Porque según lo expresa en el artículo “Reformemos nuestras cabezas, después la Constitución” del jueves 16 de octubre, las hojas de papel soportan lo que se le escriba, destacando que primero habría que reformar las cabezas que las llevarían adelante, la respetarían y las hicieran respetar.
La historia constitucional del país, según destaca, ha dado fe de que los cambios constitucionales se han dado motivados por los recambios de dominación política del momento, prestando menor atención en que esos cambios representen una mayor democratización.
En ¿Constituyente o reformas?, del viernes 17 de octubre, señala el catedrático Miguel Antonio Bernal que el país requiere de grandes transformaciones en las que participe activamente la población, por lo que la propuesta de una Asamblea Constituyente Paralela para realizar una nueva carta magna es la más beneficiosa. Sus planteamientos los basa en que ni el gobierno, ni los partidos políticos y en especial los legisladores tienen la menor voluntad de hacer una verdadera reforma a la constitución, porque “no les conviene”. De allí, según indica, la oposición que muestran a esta propuesta.
Ricardo Arias Calderón, ex vicepresidente de la República y líder histórico del Partido Popular (PP), señala en su artículo “Cambio Constitucional: La crisis”, publicado el domingo 19 de octubre, que el argumento de que la constitución actual es militarista es falso, y explica que con las reformas que se le hicieron en 1983, en el que participaron representantes tanto del oficialismo militar, de los partidos de oposición, así como de independientes, se logró, según afirma, un “texto radicalmente diferente al texto del 72”.
Arias Calderón destaca que es un “argumento espurio” y que no resiste un análisis crítico, aquel que señala que la constitución es una “colcha de retazos” y por lo tanto es necesario hacer una nueva constitución mediante una Asamblea Constituyente. Según explica, “en todo proceso democrático de adopción de una constitución se requieren ‘parches’”, o bien, “acuerdos negociados entre personas con diversas ideologías, intereses y valores”.
No obstante, señala como el único argumento con validez especial para hacer cambios constitucionales el de la crisis institucional que se vive. Pero, advierte que hay que reconocer que esa crisis no es de las instituciones sino de las personas que las manejan, por lo que hacer cambios constitucionales y seguir con el mismo “ensimismamiento”, de muy poco servirán dichos cambios.
Advierte que es una ilusión atribuirle únicamente a las elites políticas las causas de la crisis y pretender que al suplantarlas por personalidades independientes de la sociedad civil se resolverían los problemas.
Igualmente, en su artículo “Cambio Constitucional 2. Hacia una solución”, publicado el domingo 26 de octubre, Arias Calderón enumera varios puntos que deben tomarse en cuanta antes de hacerle reformas a la constitución. Y manifiesta en ellos, que la quinta papeleta por sí sola es ilegal e inconstitucional, dado que el Código Electoral señala que se requiere de una iniciativa de la Asamblea Legislativa para que el Tribunal electoral pueda convocar a un referéndum y la Constitución vigente no prevé la posibilidad de una Asamblea Constituyente. Por otro lado, dice que la recolección de firmas no tiene ningún inconveniente porque no es una actividad estatal organizada por el Tribunal Electoral.
De lograr ser exitosas ambas iniciativas, dice Arias Calderón, habría que ver quién y cómo se hará realidad la Asamblea Constituyente mientras la misma se mantenga fuera de la Constitución y del ordenamiento legal vigentes.
Un método de reforma al cual aboga Ricardo Arias Calderón es al que establece la misma constitución en su artículo 308. Haciendo uso de los dos periodos legislativos que se tendrán en el 2004. Con la asamblea actual, se establecería el recurso de la Asamblea Constituyente como un tercer método para reformar la Constitución.
Para el sociólogo y escritor Raúl Leis, es cierto que una nueva constitución no solucionará todos los problemas nacionales, pero advierte que es parte relevante de esas soluciones, dado que profundizará la democracia política, la transparencia y la perspectiva ética. Lo siguiente lo expresó en su artículo “Firme” publicado en El Panamá América, el miércoles 22 de octubre.
El constitucionalista Humberto Ricord hace mención en su artículo “Dilema replanteado: ¿Reforma o Constituyente?” del miércoles 29 de octubre, al editorial que publicó El Panamá América el pasado viernes 24 de octubre, manifestando que lo escrito es “la forma más responsable y adecuada con que un medio de masas haya podido referirse al tema” y agrega que todos los párrafos de ese editorial exigen meditación, porque plantean aspectos esenciales en esa problemática.
Para Ricord señala que sería preciso discutir y decidir otras situaciones cuando se habla de la quinta papeleta o recolección de firmas para una Asamblea Constituyente Paralela. Como ejemplo, señaló que de aprobarse un decreto o ley que establezca la utilización de una quinta papeleta en las elecciones del 2 de mayo del 2004 o se recojan firmas, muchos advertirán de lo inconstitucional de dicha vía y procederán a impugnarla ante la Corte Suprema de Justicia. Por otro lado, advierte que la propuesta de una quinta papeleta es “poco específica”, dado que no se establece el método de elección de los constituyentes, la fecha eleccionaria, quién los hace obligatorios y otros aspectos que debían ser resueltos previamente.
Reconoce que la mezcla de una elección presidencial con algún tipo de reformas constitucionales o Constituyente viene a ser un elemento desorientador y caro. Desorientador para el electorado y caro para los candidatos que aspiran a ser miembros de la Asamblea Constituyente. Esto, indica, agrega un elemento más, y es que lo “más seguro es que un grupo de adinerados se postulen y ganen la curul”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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