Tras dos intentos fallidos, la aventurera francesa Anne Quéméré ha iniciado hoy una travesía de más de 60 días desde Perú a Tahití en un barco impulsado por una cometa, aunque el "arranque" tuvo que hacerse sin una gota de viento.
Una embarcación la conduce en estos momentos desde el puerto limeño de El Callao hasta una zona lo suficientemente ventosa, donde permanecerá hasta alcanzar ráfagas de ocho nudos, la fuerza necesaria para levantar su "ala de kite" o cometa gigante, confirmaron hoy a Efe miembros de su equipo.
Su equipo se las ingenió para conseguir un barco específico para remolcarla y alejarla de la costa limeña, cubierta hoy por una densa neblina que incluso obligó a desviar y cancelar vuelos nacionales e internacionales.
Primero fueron problemas administrativos (la aduana retrasó la autorización de la partida) y ayer fue la naturaleza la que obligó a la aventurera -y también a una prensa ansiosa por ver el espectáculo- a regresar al puerto limeño, tras haber navegado antes dos horas para alcanzar el punto de salida.
Quéméré llevaba un par de años preparando esta travesía por el Pacífico con el propósito de navegar sola en una embarcación arrastrada por un "ala de kite" (cometa gigante) unos 7.500 kilómetros, la distancia que separa Lima de la isla polinesia de Tahití.
A esta francesa, de 44 años y veterana en retos marítimos, se le ocurrió en 2006 copiar barcos y adaptarles una ala de kite, para lo que contó con la complicidad de su arquitecto.
Ella y un equipo más amplio se pusieron manos a la obra y el resultado fue un "kiteboat" piloto con el que experimentó por primera vez en 2006 la sensación de ser arrastrada por el viento.
Cuando ambos vieron el enorme potencial de esta nueva forma de navegación no dudaron en continuar investigando cómo mejorar la embarcación y así lograron perfeccionar el primitivo "kiteboat" en un prototipo mucho más ligero y de casi seis metros de eslora por dos de manga, con el que hoy partió de Lima.
Quéméré había puesto todas sus expectativas en esta nueva aventura, porque, según explicó el pasado viernes durante la presentación de su viaje, las condiciones meteorológicas prometían mucho más que las de su experiencia anterior de 2008 y porque los ensayos en el norte de Perú habían sido fructuosos.
Ante los ojos de algunos curiosos la deportista y su equipo revisaron ayer que todo estuviera listo para el viaje de, al menos, dos meses, y retocaron todo lo necesario.
Así, mientras ella cargaba en su bote agua para cuatro días, sus ayudantes limpiaban el "kiteboat" y colocaban boyas.
En uno de los tres compartimentos de su "kiteboat" se podía entrever una tetera, un pequeño kit médico y un gigantesco libro, "The Winter Book", de Tove Jansson, con el que ocupará su tiempo en la soledad del mar mientras la falta de viento la obligue a estar a la deriva.
Sus inquietudes, además, estriban en esquivar cargueros y en elaborar una buena estrategia, sobre todo a la altura de la Polinesia francesa, en la zona del archipiélago de Tuamotu, donde abundan islotes 'invisibles' a media distancia.
Sus 30 kilogramos de comida deshidratada, que le aportarán toda la energía necesaria durante su viaje pero que le harán perder unos 14 kilogramos, su máquina desalinizadora y su equipo de geolocalización salieron finalmente al mar.
Pese a las incertidumbres de sus salidas, Quéméré, sin perder nunca la sonrisa, siempre tuvo claro que comenzaría en algún momento su travesía y que también alcanzaría la meta más tarde que temprano, porque como dice el refrán, a la tercera va la vencida.