Los carnavales nunca han sido institucionalizados por la Iglesia, y mucho menos los ha querido, simplemente lo que ha ocurrido es que existe una especie de deseo de la propia gente de vivir un descargo, una euforia antes de entrar en tiempos serios como lo es la cuaresma, afirmó el sacerdote, Antonio Zufía, cura párroco de la Parroquia San Judas Tadeo de Juan Díaz.
Sostuvo que desde hace mucho tiempo los carnavales son una forma de liberación de las personas antes de comenzar un programa muy serio como lo es la cuaresma, ya que desde los tiempos en que la sociedad vivía un contexto religioso más fuerte, se hacía carnaval como dos o tres días antes de entrar en el tiempo cuaresmal.
Explicó Zufía que, por ejemplo, si la cuaresma antes no permitía bailar, entonces, había que gozar y bailar hasta cansarse para entrar tranquilamente a un tiempo en que no se va a bailar más. Así que ese es más o menos el origen del carnaval como una especie de escape.
La cuaresma como tal, tiene su origen en el siglo VI de nuestra era y es una manera de preparar la fiesta central de nuestra fe, que es la resurrección del señor, destacó el cura. Y adelanta que si esta fiesta es centro y cumbre de expresión de vivencia plena de nuestra fe, había que prepararla para celebrar con mayor sentido y por eso se pensó en una cuarentena -cuarenta días- en la que el pueblo debía vivir una primera etapa de penitencia para acercarse más a Dios, y por otra parte una revisión del concepto del bautismo, para saber si verdaderamente nos incorporábamos a Cristo para vivir la ley del amor.
Recalcó que desde el siglo VI, se inicia entonces la celebración de la cuaresma y comienza con el miércoles de cenizas hasta el Jueves Santo, que abarca los cuarenta días.
Normalmente en aquella época se imponía las cenizas a las personas que eran pecadores públicos, en señal de que eran pecadores marginados o excluidos de la comunidad. A ellos se les mandaba a hacer penitencias y a renovarse para que a los cuarenta días, el Sábado Santo o de Gloria a través de un acto público se reintegraban nuevamente a la sociedad.
El padre Zufía, recordó que el Papa Sixto VI, durante el siglo VI, quien impone esta práctica de las cenizas para todos los católicos pecadores, por consiguiente el pueblo se acercaba a recibirlas como señal de fragilidad, de que somos débiles recordando la frase aquella que se decía antes "recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás", un tanto modernizada ahora por "conviértete y cree en el evangelio".
Esto nos indica, señala el sacerdote, la fragilidad humana que nos hace pecadores débiles, y por otra parte con estas cenizas bendecidas con que se marca la frente, es un camino de liberación de renovación interior que va a marcar todo el proceso de la cuaresma hasta el Sábado de Gloria.
En base a su explicación, el párroco de San judas Tadeo, precisó que todos los católicos están obligados a tomar este tiempo de la cuaresma con mucha seriedad, a dedicarse un poco más "a revisar nuestro proyecto humano, los principios que nos marcan nuestra vida que nos están de acuerdo con liberar el evangelio, a vivir un poco más la fidelidad a nuestra fe, el amor a nuestra Iglesia y sobretodo los valores del ideal de Jesús, que es el ideal del amor, para erradicar de nuestras vidas el egoísmo, la avaricia lujuria y todo aquello que rompe nuestra armonía interior y no nos permite funcionar con dignidad humana"
El padre Zufía conceptúa que "el tiempo de la cuaresma es muy bonito, si nos dedicamos un poco más al recogimiento, a revisar nuestro proyecto humano, y si además de esto renovamos nuestras prácticas para poder alcanzar la vivencia plena como lo es la fe, la oración, la dedicación de la palabra, el ayuno y la abstinencia durante los días señalados para renovarnos espiritualmente".
Entonces el sentido pleno de la cuaresma es un renovarnos plenamente para hacer hombres nuevos y celebrar la resurrección del Señor.
Para el padre Zufía la real celebración de los cristianos católicos es la cuaresma y no el carnaval pagano, que no es aceptado por la Iglesia, simplemente ha sido explotado por una sociedad consumista y vanista que busca placer como sistema de vida y que no desperdicia ocasión para hacerlo, con las secuelas de deshumanización y embrutecimiento que provoca.
Sin embargo, afirma que pese a que la Iglesia no quiere este tipo de celebraciones, no puede ir en contra de lo que cada persona piensa que puede hacer en su libertad.
CARNAVAL AFECTA INTEGRIDAD DE LA FAMILIA
Definitivamente que afecta la integridad de la familia, señala el padre Zufía. Y desde su punto de vista, lo observado durante el último carnaval panameño a través de las pantallas de la televisión, es un síntoma que se están gestando como causa verdadera y no ponemos atención a los que prioritario en Panamá, como lo es la desunión familiar, la disgregación familiar, la pérdida de los valores de familia y el carnaval es algo como acentuar algo que ya está latente dentro de la propia familia, como por ejemplo si no hay una autoridad moral de los padres, los hijos se revelan y quieren irse al carnaval y se enfrentan a sus propios padres.
Esto ocurre porque no se ha cultivado a través de los años un sentido de corresponsabilidad dentro de la familia y se haya aplicado una vitamina que se debe usar a menudo dentro de la familia como lo es la Vitamina No, y si no se usa nada de esto llega el momento en que existe tanta presión social de los diferentes grupos que todo el mundo quiere irse de carnaval que la familia entra en crisis.
Lo que hemos visto en la televisión es muestra de que existe una profunda desintegración familiar, que es el efecto de la causa, y quizás haga falta modelos de padres que viven un amor promotor y protector que tienen una disciplina dentro del hogar que cuando dicen no es no y cuando dicen sí en sí.
Esto no quiere decir que deban existir padres de familias autoritarios o excesivamente pernisivos, sino padres que establezcan en el hogar una disciplina que deban cumplir todos, porque la familia en Panamá está atravesando serios problemas de disgregación.
No se puede ir frontalmente contra este tipo de celebraciones paganas, porque sería un absurdo. Lo que hay que hacer es educar más a la gente con los verdaderos valores a través de los colegios, medios televisivos por lo menos de los que se pueden hacer uso, educar más a la gente sobre el sentido de responsabilidad de la vida y fomentar en estos días libres la distracción en familia.
Esto puede hacerse en convivencias familiares, paseos y actividades religiosas y culturales para contrarrestar la fuerza de los lúdicos excesivos y la porno, de manera que la familia pueda encontrar diversión sana alejada de tanta perdición.