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La bala que hirió a Giffords también atacó el "alma" del Congreso

La bala que hirió a la congresista Gabrielle Giffords también impactó en lo que quizá sea el alma del Congreso de EE.UU., o al menos uno de sus principios de funcionamiento: el contacto entre los legisladores y sus votantes.
El incidente del sábado en Tucson, donde murieron seis personas y quedaron heridas catorce, ha llevado a los responsables de la seguridad del Congreso a plantearse endurecer las medidas a partir de ahora.
Según las propuestas, la Policía del Capitolio, encargada de la seguridad de los legisladores, se coordinaría con las fuerzas locales para proteger a los congresistas cuando tengan lugar actos públicos.
Tampoco podrán tomarse a la ligera las amenazas que se reciben ocasionalmente, y que según las cifras que maneja el Congreso aumentaron el año pasado a 49, de 30 en 2008 y 2009.
"El nuevo sistema será más formal, las reuniones con los votantes más planificadas, habrá que cambiar los planteamientos de los legisladores y su personal para que vean si están organizando las cosas de manera segura", indicó el legislador demócrata Jamie Fleet, del Comité de Administración de la Cámara, supervisor de la Policía del Capitolio.
Nada más lejos del espíritu con el que los creadores de la Constitución de EE.UU. se plantearon el establecimiento del Legislativo, como un organismo que representara y hablara de forma efectiva en nombre de "nosotros, el pueblo de Estados Unidos".
Ese espíritu hace que el Capitolio, la sede del Congreso, se considere "la casa del pueblo" y que cualquier estadounidense pueda visitarlo sin más trámite que hacer una reserva, algo que se ha mantenido incluso tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Los propios congresistas y senadores son sorprendentemente accesibles, tanto para la prensa como para sus propios electores, y tan sólo los líderes de los partidos en el Congreso reciben protección de oficio de las fuerzas de seguridad.
Cualquier congresista tiene una página en internet donde cuelga sus actividades o donde están disponibles sus datos de contacto, teléfono de la oficina incluido, para que cualquier votante pueda transmitirle su opinión.
Y los legisladores tienen a gala el desplazarse durante los recesos en el Capitolio, o los fines de semana, a sus circunscripciones para reunirse con sus electores y escuchar sus opiniones y problemas.
Estas reuniones suelen tener carácter muy informal, anunciadas en los medios locales y abiertas a quien quiera acudir, muchas veces al aire libre y en lugares como centros comerciales, aparcamientos o centros comunitarios.
Giffords celebraba uno de estos actos, que ella denominaba "Congress in your Corner" (El Congreso en su esquina), cuando resultó alcanzada por una bala en la cabeza disparada a quemarropa.
La congresista, a la que acompañaban un puñado de ayudantes y ninguna seguridad, había instalado una simple mesita de camping, con unos cuantos folletos, unos vasos de plástico y un termo para escuchar a sus ciudadanos.
En Twitter, la red de microblogs, acababa de invitar a sus seguidores: "Estoy a punto de empezar, pasénse por aquí o envíenme un mensaje para contarme lo que piensen".
Los congresistas han asegurado que el incidente no cambiará sus intercambios con sus votantes.
Así, el representante republicano Christopher Gibson asegura que "continuaré mi calendario de reuniones y contactos con mis votantes sin cambios en los procedimientos, que ya incluyen el mantenernos alerta sobre lo que nos rodea".
Otros admiten que será necesario aumentar la seguridad. Mientras que es imposible, por cuestiones de personal y de fondos, que la Policía del Capitolio escolte a cada uno de los 435 representantes y 100 senadores, sí que se pueden adoptar medidas básicas, como avisar de los planes de reunión a las fuerzas locales.
El presidente del Comité de Administración de la Cámara, el republicano Dan Lungren, es partidario de establecer un mecanismo formal para que los congresistas puedan pedir protección.
Pero, según Lungren, restringir el contacto entre los representantes y sus electores "haría aún mayor esta tragedia".
En un sentido similar se pronuncia el senador demócrata Charles Schumer: "si pusiéramos a cada legislador tras un muro y les dejáramos a salvo de todo, no tendríamos la democracia con la que contamos hoy día".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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