La independencia no libró a Latinoamérica "de las formas ni del espíritu" del imperio


Los países de Latinoamérica consiguieron emanciparse sólo "parcialmente" de España hace dos siglos, pues aunque lo intentaron nunca pudieron librarse "de las formas ni del espíritu" que el Imperio trasladó al Nuevo Mundo.


En una entrevista con Efe el catedrático español Javier del Rey Morató dijo que tampoco ayudó a los hispanoamericanos el hecho de que no se emanciparan de la Iglesia Católica; los estados pontificios "siguieron con su autoridad virreinal", salvo en Uruguay o en México, donde -dice- fueron "duramente contestados".


Del Rey acaba de publicar en España "América Latina, 1810-2010. Filosofía, Religión y Política en el Espacio Antropológico. Una Teoría de la Comunicación y la Cultura", un libro en el que repasa la forma en que los pensadores latinoamericanos recogieron las filosofías europeas.

 

Por sus páginas pasan pensadores como Simón Bolívar, Carlos Rangel, Alfonso Reyes, Leopoldo Zea, Carlos Fuentes, Octavio Paz o Arturo Uslar Pietri, en cuyas teorías se funda "la sospecha, que se va convirtiendo en convicción" -dice Del Rey- de que el saldo de los dos siglos que los países de Latinoamérica han estado independizados de España es un "fracaso".


Del Rey cita a Fuentes en un artículo de 2007 en el que formula, entre otras cuestiones, si Hispanoamérica no supo "incorporar al proyecto independentista al indio y al negro", o si se suplió "la ignorancia con la osadía", y recuerda también que Uslar Pietri se preguntaba si valió la pena la Independencia.


Según la tesis de filósofos como Zea y Paz, los latinoamericanos del comienzo del siglo XIX escogieron la democracia "porque les pareció que era la vía hacia la modernidad". Y según Octavio Paz, citado por Del Rey, "las cosas ocurren de otra manera: la democracia es el resultado de la modernidad, no el camino hacia ella".

 

Otro filósofo, el boliviano Alcides Arguedas, piensa acerca de los valores de "libertad, igualdad y fraternidad" que "fueron causa primera de la inquieta vida institucional de nuestros pueblos".


Pero añade que estos fueron ideales "no sentidos" y que "un ideal cuyas raíces no han arraigado hondo en la conciencia no tiende a ser realizado, simplemente porque no constituye necesidad del espíritu".


Morató, uruguayo nacionalizado español hace varias décadas, opina que "para librarse de las lacras" de España, los latinoamericanos adoptaron filosofías europeas (eclecticismo, espiritualismo, positivismo, marxismo) pensando que eran "doctrinas redentoras, que al adoptarlas y hacerlas suyas llegarían la democracia y la prosperidad como por arte de magia".

 

"Además -dice el autor-, redactaron constituciones perfectas, maravillosas, sin faltas de ortografía; lo único es que no tenían nada que ver con la realidad".


Los latinoamericanos, añade Del Rey, no se daban cuenta de que el progreso de europeos o norteamericanos "no era causa sino efecto de la modernidad que existía en las mentes".


Con respecto a la religión, el autor recuerda que los latinoamericanos "nunca rompieron con el reino peninsular italiano, que fue el que dio a España el dispositivo legitimador del imperio; el decir a los pobres indios, a la servidumbre, a los últimos del imperio "humillaos", "los últimos serán los primeros" o "lo que no tenéis aquí lo tendréis en el reino de dios".

 

"Suena a broma pesada que persiste en el espíritu del latinoamericano", agrega Del Rey, y asegura que habría que llegar a formas modernas de religiosidad "más dinámicas que permitan liberar la energía encerrada en los hombres".


"Porque no son superiores los alemanes" a cualquier latinoamericano; "tienen estructurada la cabeza de otra manera, pero potencialmente son iguales".


Al sacar conclusiones hoy, Javier del Rey Morató dice que Latinoamérica -"llamada así primeramente por el colombiano José María Torres Caicedo en 1856"- es un mundo apasionante cargado de futuro que no termina de cumplir su promesa; un mundo lamentablemente fragmentado...".



Javier Nieto-Remolina


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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