La marea "roja" llegó hoy al Obelisco porteño, el monumento más emblemático de Buenos Aires, donde más de un millar de personas celebraron el triunfo de España frente a Holanda en la final del Mundial.
Pese a que los aficionados argentinos estaban divididos en sus apoyos a Holanda y España, país con el que Argentina mantiene una importante rivalidad deportiva -especialmente tras su derrota frente a la selección española en la Copa Davis de 2008-, los descendientes de españoles impusieron su fiesta en la popular avenida de 9 de Julio, la más importante de Buenos Aires.
No en vano, en Argentina residen unos 300.000 españoles, la mayor comunidad española en el exterior.
Tras la victoria, más de un millar de personas se concentraron en el Obelisco, donde un mar de banderas españolas y gritos de "Campeones, campeones", "Me dicen el matador, nací en España", "España, España" y "Villa, maravilla" inundaron el corazón de la capital, mientras miles de automovilistas hacían sonar sus bocinas para celebrar el triunfo español.
Al ritmo de las gaitas de un par de gallegos que tocaron sin parar hasta bien entrada la noche, los españoles celebraron el triunfo de la "roja" cantando y bailando muñeiras.
Hasta el Obelisco llegaron dos estudiantes gallegos que residen en Buenos Aires desde hace un año y que, aprovechando un despiste de la policía porteña, izaron la bandera española frente al símbolo de Buenos Aires.
Tampoco quiso perderse la fiesta un nutrido grupo de simpatizantes del Club Deportivo Español de Buenos Aires, un equipo del barrio del Bajo Flores que debe su nombre a los inmigrantes españoles y que tras la victoria de la selección confía en volver a jugar en primera en la liga argentina.
"A la roja la llevo dentro del corazón y hace mucho tiempo que soy del Español. Soy gallego", presumía hoy Pablo Francisco, de 29 años, hincha del Deportivo Español argentino.
Lo mejor del día para este nieto de gallegos fue ver la cara de los viejos españoles reunidos en la sede del club para ver el partido: "Los viejos festejaron y eso está muy bien, no tienen tantas ocasiones para festejar".
A su lado, Ricardo Alvarez, de 53 años, hijo y nieto de españoles, lanzaba afónico "vivas" a la selección española y agradecía un triunfo que se retrasó pero se saboreó "como la conquista de una chavala, que se hace esperar y luego gusta más".
Al Obelisco llegaron también muchos seguidores de otros equipos, como el grupo de jóvenes brasileños que, una vez derrotada Brasil en el Mundial, apostaron por España.
"Estamos con el mejor equipo del mundo", gritaba uno de los jóvenes estudiantes brasileños portando una bandera española.
Pero la fiesta en Buenos Aires había comenzado muchas horas antes, cuando empezó el partido, y los vendedores ambulantes no perdieron oportunidad de hacer negocio.
Banderas españolas a 40 pesos (unos 8,5 euros), gorros, bufandas y pañuelos se fueron agotando durante la tarde, especialmente en los alrededores del Club Español, cerca de la avenida de 9 de julio, donde casi un millar de personas presenciaron la final del Mundial.
Muchos de ellos esperaron durante horas para acceder a las instalaciones, que terminaron saturadas por los hinchas que celebraban el triunfo de España.
"Me esperaba ganar más fácil pero no me puedo quejar porque estoy como en una nube", aseguró a Efe Tony, de 40 años, nacido en Oviedo pero residente en Argentina desde hace cuatro años.
Para Manolo, de 59 años y que vive en Argentina desde hace 27, España se merece "10 puntos", aunque "me ha hecho pasar el peor rato del mundo".
"Somos los mejores del mundo. Tenemos a los mejores jugadores del mundo", presumió.
En la sede de la embajada de España en Buenos Aires, donde cerca de 300 personas se reunieron para ver el partido, la demora en la llegada del gol puso a algunos al borde del infarto, incluido al embajador, Rafael Estrella.
Con el triunfo en la mano, Estrella resumía: "A pesar de lo ajustado del resultado ha sido un partido como tiene que ser entre los dos mejores equipos del mundo", pero "ganó el mejor de los dos".
Más allá de la pasión por la tierra propia, el argentino Héctor De Nardo, descendiente de italianos, despejaba dudas: "Hay que apoyar a la selección española porque es el mejor equipo del mundo".