La mejor respuesta al terrorismo: la verdad como artimaña

Las presiones sufridas por la prensa después del 11 de septiembre prueban una vez más que prácticamente cualquier gobierno, dadas las circunstancias, intentará limitar la libertad de expresión a partir del momento en que es contraria a sus intereses.


Era de prever: los dictadores y gobernadores autoritarios en el mundo entero usaron el imperativo de combatir el terrorismo tras los espantosos atentados del 11 de septiembre como pretexto para tratar de poner freno a todas las libertades que les impiden ejercer un control total en sus países, entre ellas, la libertad de prensa.
Incluso los gobiernos de grandes democracias como la estadounidense o la británica incitaron a la prensa a no difundir ni publicar los mensajes de Osama bin Laden y de sus colaboradores justificando sus actos.
Estas invitaciones a la autocensura, hechas el 10 de octubre por la asesora de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, fueron recibidas con satisfacción irónica por parte de representantes de gobiernos como el de Singapur, veteranos en materia de control de la prensa.
Las presiones sufridas por la prensa después del 11 de septiembre prueban una vez más que prácticamente cualquier gobierno, dadas las circunstancias, intentará limitar la libertad de expresión a partir del momento en que es contraria a sus intereses, incluso a expensas de su propia credibilidad.
Este tipo de control sobre la prensa resulta contraproducente. Según la creencia democrática, los ciudadanos deben estar informados, aun tratándose de realidades desagradables, para poder emitir juicios ponderados.


Por otro lado, el gobierno Talibán de Afganistán, aliado de bin Laden, mostró hasta qué punto temía al periodismo independiente al prohibir el acceso a casi todos los corresponsales extranjeros y al arrestar y lanzar amenazas graves a los periodistas que penetraban en zonas controladas.
Nosotros creemos que los ciudadanos tenían que ver y escuchar todas las declaraciones y sermones de Osama bin Laden. Y lo mismo se aplica a los dictadores en el poder. Al exponerlos a la luz del día, la prensa libre revela su verdadera identidad e irracionalidad.
Esto lleva además a una confrontación de ideas, opiniones y hechos en un debate público abierto. Como siempre, el remedio más eficaz contra los malos discursos es la multiplicidad de discursos.
Algo que era de esperarse, la mayor parte de la prensa democrática mundial reaccionó ante las presiones surgidas después del 11 de septiembre con manifestaciones enérgicas de independencia.
*Los autores ejercen los cargos de presidente del Comité Mundial por la Libertad de Prensa (WPFC, por sus siglas en Inglés) y representante en Europa de este organismo, respectivamente.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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