La muerte da regalos de vida


Había recibido un balazo en la cabeza. Fue víctima de un asalto y aunque estaba agonizante tenía en sus manos la salvación de tres vidas humanas.
A su llegada a la sala de emergencias, allá en Colombia, muy lejos estaba de saber que sus dos riñones y su corazón serían el pasaporte a la vida de dos de sus coterráneos y un panameño.
Se suponía que este receptor panameño no debía saber de dónde provenía el riñón que lo mantendría con vida, sin embargo, la vida suele hacer las jugarretas más extrañas. Allí, en la sala de urgencias se encontraba precisamente la receptora de otro órgano, quien posteriormente se encargaría de decirle al panameño quién le había hecho un regalo de vida.
El era un hombre joven, de unos 35 años, moreno y fornido. Había sufrido muerte cerebral y su familia, con increíble solidaridad humana y sensibilidad aun en medio del dolor, donó los órganos de su ser querido para que siguiera viviendo en el corazón de las personas a quienes salvó de una muerte segura.
Es así como hoy, Pedro Vargas, un profesor y dueño de un taller de electrónica, vive una vida relativamente normal. Asiste a dar sus clases en el Colegio José Domingo Savio en Juan Díaz y luego labora en su pequeño taller.
Pero eso no es todo. El sabe lo que significa ser un paciente con insuficiencia renal crónica, sabe de los padecimientos propios de la hemodiálisis, y lo que es más: sabe lo que es la espera por un riñón que lo libre de la muerte.
Por eso lucha hombro a hombro con los que hoy siguen su espera por una vida mejor y los apoya para lograr que en Panamá se realicen los trasplantes de órganos, tanto cadavéricos como de donantes vivos.
ASI EMPIEZA SU LUCHA CON LA MUERTE
Tenía 22 años cuando comenzaron a hinchársele los pies. Cursaba el segundo año de universidad. Se le diagnosticó una enfermedad del riñón que en la mayoría de los casos desemboca en una insuficiencia renal crónica. Ella evaluciona desde un año hasta 10.
En su caso, dos años después de diagnosticada la enfermedad, le desencadenó una insuficiencia renal crónica. El síntoma visible era el de los pies hinchados, sin embargo, aún orinaba normalmente y comía como de costumbre.
Un año después los riñones comenzaron a dejar de funcionar paulatinamente y los médicos decidieron que era necesario un trasplante. Aún no recibía tratamiento de hemodiálisis.
Dos años más tarde, comenzó la diálisis. Fueron cuatro años, desde que se inició la enfermedad, que pudo vivir sin la diálisis.
Pero él sabía lo que le esperaba y eso lo deprimía. Comenzó a bajar su rendimiento en la universidad, su estado anímico desmejoraba, estaba decaído, triste y no quería hacer nada por él mismo.
No obstante, él comenzó una lucha por lograr que en Panamá se hicieran con más frecuencia los trasplantes de riñón porque sabía que eran muchos los pacientes que lo requerían. Paralelamente, trabajaba todo el día en todo lo concerniente a la construcción de la iglesia de su barriada (Don Bosco), que es una réplica de la de Medjugorie en Yugoslavia.
Durante ese período se sometió a un tratamiento con cortizona para tratar de evitar la pérdida de las funciones de los riñones, si bien sabía que son muy pocos los pacientes que logran restablecerse con ese medicamento.
Se interesó en ese lapso por leer cuanto le caía a mano sobre su enfermedad y eso, más que confortarlo, lo preocupaba pues sabía que tarde o temprano tendría que someterse a un trasplante.
Hubo un hecho que lo hizo decaer más aún: once pacientes de la sala de hemodiálisis del Seguro Social murieron como consecuencia de las máquinas defectuosas con que se realizaba ese tratamiento en esa sala.
En 1996 inició su tratamiento de hemodiálisis. Fue duro saber que a partir de ese momento su vida dependería de una máquina. Sus riñones ya no funcionaban y no iban a volver a funcionar nunca. El sabía que si se quedaba en ese tratamiento su promedio de vida sería no mayor a los 10 años, si su cuerpo respondía debidamente.
Comenzó a sentir mareos, náuseas, calambres, presión alta y baja, entre otros síntomas.
Ahora bien, él tenía un as bajo la manga: estaba convencido de que se haría un trasplante de riñón y eso equilibraba su estado de ánimo.
De antemano, él había hecho investigaciones sobre estos trasplantes en Cali, Colombia. De ahí que cuando se requirió, él hizo todo el protocolo respectivo con sus propios recursos, sin apoyo del Seguro Social, tres meses después de haber comenzado el tratamiento de hemodiálisis.
JUGARRETAS Y MALAS PASADAS
Regresó de Cali y comenzó nuevamente a luchar, esta vez para que la Caja de Seguro Social le pagara ese trasplante. Efectivamente, así se hizo.
Pero la vida le jugaría otra mala pasada: fue llamado el día 1 de noviembre de 1997, a las 7:00 p.m. desde Cali para que se fuera inmediatamente porque había un donante cadavérico. Esas operaciones deben hacerse cuanto antes, pues un riñón no dura más de 24 horas después de ser extraído.
No había vuelo, sino hasta el día siguiente, cuando ya era muy tarde para partir. A las 11:00 p.m. volvieron a llamarlo para notificarle que si no había partido, ya no podría hacerlo. La alegría dio paso a la tristeza y el ánimo cayó desde muy alto.
Siguió luchando, especialmente en la organización del grupo de pacientes que esperaban un riñón. En ese lapso eran constantes los bajones de ánimo. No obstante, él continuaba trabajando para la iglesia y también para el grupo, mas no hacía las cosas que sabía que le beneficiaban directamente a él, como estudiar o leer. No se decidía a hacer algo por él mismo. Dormía cada vez más.
Pero la esperanza jamás lo abandonó. El trasplante era su meta.
Y he aquí que otra piedra se cruzó en su camino. No podía recibir el riñón de una persona viva, pues sus hermanas y su madre, que estaban dispuestas a donárselo eran de sangre tipo A positivo, mientras él era del tipo O. El único que tenía esa sangre en la familia era su papá, pero su edad no le permitía donar su riñón.
La etapa más significativa de la hemodiálisis fue cuando hubo que hacerle la diálisis peritoneal, cuatro veces al día.
A él le fallaban las piernas, ya no lo sostenían; no podía ni cruzar las calles. Y eso que su cuerpo había resistido porque es fuerte. De eso depende mucho de cuánto tiempo un paciente resista la diálisis.
LA FORTUNA TOCA SUS PUERTAS
La fortuna, como él la concibe, le llegó el día 2 de junio de 1998, a las 7:00 a.m., justamente dos semanas después de la muerte de su padre por atropello. El estaba en uno de esos bajones emocionales por haber perdido a su progenitor.
Llegó al aeropuerto y allí se vio en la necesidad de protagonizar un verdadero drama, pues el Seguro Social no tenía todo listo y faltaban los boletos de avión para poder viajar.
Teniendo en cuenta que por falta de vuelos no había podido viajar anteriormente para salvar su vida, en esta ocasión estaba desesperado y temeroso. La ansiedad había hecho presa de él y fue necesario rogar, llorar, mostrar sus heridas y gritar a los cuatro vientos que un riñón le esperaba en Colombia y que si no viajaba inmediatamente, podría morir.
Pero la lucha por la vida ha sido una constante en su existencia, por tanto, logró su propósito y viajó aquel día a Colombia.
Ya el corazón de aquella víctima de la violencia había sido transplantado a otro paciente que hoy también se recupera satisfactoriamente.
La otra receptora recibió un riñón y al salir del salón de operaciones entró Pedro Vargas. Había logrado salvar su vida. La operación fue un éxito y hoy vive normalmente, aunque el cuidado y el tratamiento serán de por vida.
En el momento en que el médico pegó el ureter de la vejiga comenzó a orinar normalmente y como por arte de magia, los síntomas de su enfermedad desaparecieron.
Un trasplantado de cadáver sabe que el promedio de vida del órgano es de unos 10 años, si bien puede durar mucho más. Pero también puede ocurrir lo contrario. Puede durar mucho menos.
Empero "eso es lo único que tenemos", dice Vargas, mientras explica que el promedio de vida de un órgano trasplantado de una persona viva es de 20 a 25 años o más.
Cabe señalar que son seis las compatibilidades que debe tener un órgano con la persona que lo recibirá para que se considere perfecto. El tenía tres de esas compatibilidades. Parecía el riñón de un hermano, según manifiesta.
Sin embargo, el tener compatibilidad perfecta no es garantía de éxito. Hay órganos que son perfectamente compatibles con el receptor y son rechazados, mientras hay otros que sólo tienen dos compatibilidades y son un éxito.
En esto es muy importante la fe de cada paciente, porque cada uno debe enfrentarse a un sistema inmunológico deficiente. Las defensas se bajan producto de la toma de medicamentos y siempre se está expuesto a las infecciones.
De ahí que la actitud positiva es determinante, porque aún en medio de la incertidumbre hay que estar conscientes de que han recibido lo mejor: un trasplante y un regalo de vida. Después de todo, dice Vargas, es mejor 10 años con un trasplante que 10 años en diálisis.
VOLVERIA A SER UN ENFERMO
Pedro Vargas estudió ingeniería electrónica, vive en Don Bosco y está convencido de que si muriera y volviera a nacer, se sentiría orgulloso de vivir su enfermedad porque siente que esa es su vocación y es el signo que Dios le da para que continúe en ese orden.
Antes de su enfermedad jamás se preocupó por los enfermos. Ahora sabe que tiene una enfermedad terminal y que debe estar unido a la fe para continuar su vida, pero también debe ayudar a otros a seguir adelante y eso es lo que está haciendo.
Definitivamente, recalca, si volviera a nacer, volvería a ser el enfermo que soy.
SU MAMA LE REGALA LA VIDA
Hoy tiene nueve años, es saludable, fornido, de largas pestañas (que son para que se las vean las muchachas, según sus palabras) y destaca en su rostro una sonrisa de oreja a oreja.
Su mamá lo mira con ojos de amor. Y no es para menos. Ella donó el riñón que su hijo necesitaba para poder vivir.
Ahora es un niño travieso, inquieto, pícaro, como cualquier otro, que dice que no recuerda de qué lo operaron, pero sí sabe que lo hospitalizaron en la Especializada porque "tomé una chicha que tenía leche y me hinché", señala con inocencia.
El se llama Eric Amado González, quien explica que unas señoras le ayudaron mucho para que él fuera operado en Colombia.
Lo cierto es que el caso de Eric recibió mucha publicidad por cuanto fue creado un Comité Pro-Trasplante de Riñón a favor de Eric González, e incluso,


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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