Una visita del presidente uruguayo, el ex guerrillero José Mujica, al general Miguel Dalmao, el primer militar en actividad procesado por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985), generó hoy extrañeza en el país y dudas sobre la línea de la gestión presidencial.
Pese al revuelo causado al tratarse de la primera visita de un Jefe de Estado a un militar procesado por estos delitos, el mandatario se limitó a explicar sucintamente su visita en declaraciones a la prensa y afirmó que sólo acudió para saber del estado físico y las condiciones de reclusión del general.
"Lo visité porque quería saber de él, de su estado de salud y cuáles eran las condiciones de reclusión en donde está. Lo que pasa es que Dalmao es general en ejercicio y desde ese punto de vista yo quería tener la certidumbre de cuál era la situación real y cómo estaba en la cuestión del alojamiento. ¿Y eso por qué? Porque yo estuve preso", dijo Mujica.
El senador Tabaré Viera, del opositor Partido Colorado, calificó la inesperada acción del gobernante, que tuvo lugar el martes en medio de un fuerte secretismo, como "otro de los movimientos desconcertantes" de Mujica, "que a veces parece ser o representar dos personas diferentes".
Viera dijo a Efe que no entiende la postura de Mujica, sobre todo después de que el bloque oficialista de izquierdas Frente Amplio decidiera el fin de semana pasado "obligar" a sus legisladores a anular en el Parlamento la Ley de Caducidad, que dejó impunes los crímenes de Estado cometidos durante el Gobierno de facto.
"¿Cuál es el mensaje de Mujica, hacia dónde va, hacia la interna del Frente Amplio, hacia el resto de la clase política, hacia los militares?", se preguntó Viera, integrante de la comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Senadores.
El presidente visitó a Dalmao en el Hospital Militar de Montevideo, donde el general está internado tras ser sometido a una angioplastia debido a una obstrucción coronaria.
El oficial fue jefe de la división IV del Ejército hasta el pasado noviembre, cuando fue procesado con prisión por el asesinato con torturas de la militante comunista Nibia Sabalsagaray, ocurrido en junio de 1974 en el interior de un cuartel.
"Realmente no entiendo nada, no hay una explicación ni sentido frente a la actitud del presidente", dijo por su parte a Efe Efrain Olivera, fundador y excoordinador del Servicio Paz y Justicia (Serpaj).
"Si Mujica no realizaba esa visita no pasaba nada, pero ahora genera una polémica sin sentido", agregó.
Muy distinto opinó el senador oficialista Jorge Saravia, que calificó la acción de "nuevo y claro gesto de reconciliación".
"Sé que Mujica no tiene ningún rencor, quiere dejar atrás el pasado, dar vuelta la página y mirar hacia adelante pese a que estuvo preso 13 años en una cueva", afirmó Saravia.
En los años sesenta y setenta del siglo pasado, Mujica lideró la guerrilla tupamara que combatió a Gobiernos constitucionales y la dictadura con atentados, asesinatos y secuestros.
El mandatario, que en la actualidad tiene 75 años, fue encarcelado en esa época en duras condiciones durante 13 años.
"A mí me parece bien que el presidente, jefe superior de las Fuerzas Armadas, se interese por la salud de un subalterno que además ocupó un alto cargo como jefe de una división", concluyó Saravia, que también integra la Comisión de Defensa Nacional del Senado.
Precisamente, Saravia es uno de los tres senadores oficialistas que se oponen a votar una interpretación de la ley de Caducidad impulsada por el Gobierno para dejar sin efecto esa normativa, aprobada en 1989 y refrendada en dos referendos en 1989 y 2009.
La acción de Mujica se produce además en medio de pugnas en el oficialismo por el rumbo de la economía y después de que su antecesor y correligionario Tabaré Vázquez (2005-2010) pidiera el lunes en un acto proselitista "no dejar solo" al mandatario y llamara a "defender con uñas y dientes la unidad" del Frente Amplio.